Davina | Capítulo 13



Bobb pareció dudar, pero no le culpé. Para mí también sería la primera vez que besaba a alguien y no imaginé que sería con un Antrass. ¿Y si al final todo resultaba ser un sueño, como pensé en un principio, y aquel beso no llegaba a producirse realmente? En ese caso quería tener esa sensación permanente en mis labios, aunque no fuera capaz de recordar nada más.

Porque sabía que no me arrepentiría de lo que estaba a punto de suceder.

Davina…

Sus labios precipitándose sobre los míos mientras pronunciaba mi nombre. La sombra que se dibujaba en su rostro a medida que iba bajando. Su respiración cálida y entrecortada. Y mi corazón palpitando como loco por él.

Bobb…

Atrapó mi boca entre sus labios, mordisqueando los míos con suavidad. Suspiré y mis manos se aferraron a sus hombros con fuerza. No quería que se separara de mí ni aunque llamaran a la puerta. Quería ahogarme en su boca, sentirme adorada por ese ser hermoso que se había adentrado en mi corazón. Mis pulsaciones aumentaron con tanta brusquedad que pensé que llegaría a morirme en sus brazos. Me aferré a su pelo y él a mis caderas. Cuerpo contra cuerpo. Lengua contra lengua.

Hasta que llamaron a la puerta.

No… —susurré sobre sus labios.

¿Y si…? —Intentó preguntar, pero estaba claro que no quería separarse de mí tampoco.

Volvieron a llamar. Y otro golpe, seco, sin eco.

Finalmente nos separamos con resignación, pero antes de acercarnos para ver quién nos había interrumpido, nuestras miradas se encontraron y recuperamos el aliento antes de abrir. Ambos nos sorprendimos al encontrar al tabernero, Fred, tras ella. Su rostro estaba magullado y el pelo revuelto, lo que no iba en consonancia con la imagen que solía presentar ante sus clientes.

¿Qué ocurre? —pregunté un poco malhumorada.

Fred, lejos de responder, se adentró en la habitación y cerró la puerta con brusquedad. Por un instante, me pareció ver una chispa roja en sus ojos que me hizo retroceder. No llegué muy lejos, pues choqué con el cuerpo del Antrass.

Sé quién eres, Elegida —Su voz no era, ni por asomo, la misma que recordaba del tabernero. Era mucho más ronca e indefinida. Me temía lo peor y parecía no ser la única, pues Bobb me agarró por los hombros. Aquel gesto me hizo sentir mucho mejor—, y déjame decirte que no conseguirás tu propósito. Mi señor no consentirá que lo lleven de vuelta a su reino. Por eso estoy yo aquí, para cumplir el cometido que se me ha encomendado. Estoy aquí para matarte.

Fred levantó los brazos en mi dirección, pero antes de que pudiera reaccionar correctamente, Bobb se antepuso dejándome tras él.

No lo hagas, te va a matar y solo me quiere a mí —El miedo volvió a apoderarse de mi cuerpo.

Pero no me hizo caso. Parecía muy concentrado, aunque no pude verle bien la cara. Lo que sí pude ver fueron sus brazos ascender hasta su cabeza, juntarse allí arriba y, tras pronunciar unas palabras que no entendí, bajar de nuevo hasta Fred con rapidez. La sorpresa fue mayúscula cuando vi salir una luz blanca de la palma de sus manos e impactar sobre el cuerpo rechoncho del tabernero.

¡Vamos! Tenemos que salir de aquí.

Bobb me agarró de la mano y tiró de mí hasta la puerta. La abrió y cerró con brusquedad antes de aporrear la puerta de Nico. Mientras abría, explicó:

Permanecerá quieto durante el tiempo justo, si Nico se aligera, para que nos marchemos de aquí.

Mi rostro aún debía mostrar asombro, o quizá temor, pues posó sus manos sobre mis mejillas y me miró a los ojos.

No te pasará nada mientras yo esté contigo —aseguró.

Entonces Nico abrió la puerta.

¿Qué pasa, chicos?

¡Tenemos que irnos! ¡Ya! —respondió Bobb.

Pero…

El Antrass puso los ojos en blanco y también agarró a Nico por las muñecas. Los tres salimos corriendo fuera de la taberna sin mirar atrás. Ni siquiera pensamos en la posibilidad de que nos dejáramos por el camino algunas pertenencias. Pero el paje llevaba su bolsa mágica, por lo que no teníamos de qué preocuparnos. Al menos lo más importante seguía con nosotros.


—♦♦♦♦—


Nos alejamos del pueblo y de todo rastro de civilización, pero eso no nos garantizó que la bestia también pudiera rondar esos parajes que nuestros pies iban dejando atrás. Tal vez nos hubiera seguido y nos vigilara entre las sombras.

Caí en la cuenta de que aún no nos habíamos cruzado con la bestia real.

Chicos, me temo que nos hemos equivocado de bestia. El monstruo que estamos buscando aún no se ha dejado ver… ¿Recordáis el brillo de las pulseras? Cuando apareció el monstruo se tornó roja, lo que indica peligro. En ningún momento vi que el color cambiara a amarillo, que es el que nos indicará que estamos ante lo que buscamos.

¡Es verdad! —exclamó Bobb— El Oráculo me dijo lo mismo cuando subí a verle. Supongo que nos cegamos por el peligro que suponía estar ante un ser de esas características.

A pesar de esa conclusión tan desesperanzadora y de la conversación importante que manteníamos los tres (aunque Nico aún no hubiera intervenido), mi mente empezó a jugarme malas pasadas. Las imágenes de lo ocurrido antes de la aparición del tabernero aparecieron sin más. Sin aviso previo. Sin anestesia para el corazón. Cerré los ojos con fuerza sin que me importara demasiado que ambos se preguntaran el motivo de ese gesto. Cuando volví a abrirlos había conseguido tranquilizarme, pero los dos me miraban confusos.

Sin embargo, y para mi sorpresa, ninguno dijo nada.

Continuamos el camino sin un rumbo fijo ni palabras que dificultaran nuestra presunta concentración. Lo único que se extendía ante nosotros era tierra y más tierra salvaje, pero nada comparado con ese bosque en el que tenía miedo de perderme sin Bobb a mi lado. No había ningún lugar donde poder esconderse y observar.

Hasta que nos encontramos con un barranco y, bajo él, el mar. El reflejo del firmamento y el brillo del agua me hicieron pensar en la preciosidad que mis ojos estaban teniendo la oportunidad de observar. Ni siquiera en la Tierra estaba segura de poder encontrar un lugar así. Tuve la tentación de buscar un camino por el que bajar para introducirme en el agua, pero la silueta de un enorme barco pirata y su tripulación me detuvieron. Retrocedimos para que no nos vieran, no estábamos seguros de si eran buenos o malos.

¿Existían los piratas buenos?

El capitán debería creernos a nosotros y no al hipócrita de Kan. Si supiera que está planeando un motín para hacerse con el barco no le protegería tanto.

Nunca nos creerá, Thomas. Él lleva muchos años al servicio de Barba Azul.

Dos voces masculinas discutían en la distancia. El pánico se adueñó de nosotros, que nos miramos sin saber qué hacer. Las voces iban acercándose cada vez más y nosotros no teníamos ningún lugar tras el que escondernos.

Estábamos perdidos.

Ya veía sus cabezas conforme sus cuerpos avanzaban por el camino que conducía al barranco. Al llegar arriba, apoyaron las manos sobre sus rodillas, flexionando el cuerpo al hacerlo, para recuperar las fuerzas. O eso supuse. Después volvieron su mirada hacia el frente y avanzaron hacia nosotros sumidos en su conversación. Esa en la que el capitán de su barco confiaba más en el tal Kan que en ellos. Pasaron por delante nuestra y ni se inmutaron, pero hasta que no desaparecieron de nuestra vista no fui capaz de soltar todo el aire que había retenido en mis pulmones. Respiré hondo y miré a mis compañeros, cuyas caras mostraban pánico hacia algo que yo aún no había alcanzado a ver. Poco a poco me giré y, con el rabillo del ojo, distinguí una figura que no me esperaba.

Ante mí había una persona con rostro de mujer y atuendo pirata que me observaba con una sonrisa socarrona. El pelo parecía estar recogido en una coleta y oculto bajo el gran sombrero de ala ancha que ensombrecía su rostro. La camisa blanca sobresalía frente al corsé negro que subía sus pechos y la chaqueta burdeos remangada hasta la mitad del antebrazo. Los pantalones del mismo color de la chaqueta ocultaban el bajo dentro de unas botas negras de cordones bien anudados con un pequeño tacón.

Me encantaba su forma de vestir.

¿Quién eres tú? —pregunté tras el escrutinio inicial.

Mi nombre es Jackie y soy capitana del Martirio de Eris. Soy la Reina de los Piratas y acabo de salvaros de ser esclavos de Barba Azul, un enemigo natural de la Corte de los Piratas. Habéis sido bendecidos por Poseidón pues, de otra forma, jamás habríais obtenido mi protección. Sé reconocer a los que son tocados por los Dioses desde lejos.

No encontré palabras con las que expresar lo que sentía en ese momento, y mis compañeros parecían estar sufriendo lo mismo. Ninguno de los tres habló, mientras que Jackie mantenía la misma sonrisa en su rostro.

No os habrá cortado la lengua Medusa para echarla sobre los tiburones ¿verdad? —Volvió a hablar en vista de que nosotros no nos pronunciábamos.

Disculpe por nuestro silencio, Majestad. No esperábamos tal honor —dijo Nico.

Jackie puso los brazos en jarras y soltó una carcajada muy sonora.

Por favor, no me tratéis como si fuera una reina de las de verdad. Solo soy quien controla que las normas del mar se cumplan. ¿O creéis que los piratas nos dedicamos solo a robar sin importar de quién o dónde provenga el oro? ¡No, señor! También tenemos nuestro código de honor.

Pero ¿cómo lo has hecho? ¿Cómo has conseguido que esos piratas no nos descubran si estábamos a la vista de cualquiera?

Avanzó dos pasos para acercarse más a nosotros. Me moría de curiosidad por saber qué ocurría en este reino realmente y cómo eran estos piratas. Algo me decía que no eran como los convencionales…

Será mejor que vayamos a un lugar seguro, aquí pueden terminar descubriéndonos.

Nos guió por un sendero que escapó a mis ojos con anterioridad. Sin embargo, al fijarme con mayor precisión, me percaté de que en realidad no existía. Conforme avanzábamos por él, desaparecía, como si mantuviera algo oculto que solo Jackie y sus acompañantes pudieran ver. Bajamos hasta una playa desierta en la que había un barco. De no ser por la bandera pirata que ondeaba al viento, hubiera podido pasar fácilmente por uno normal y corriente. Nos condujo hacia una escalera por la que podríamos llegar a la cubierta y nos animó a seguirla. Cuando llegué arriba y observé lo que nos rodeaba, quedé maravillada. Nunca dejaría de sorprenderme con las cosas que descubría. La tripulación esperaba en fila mirándonos con atención, seguramente sin saber por qué estábamos allí.

Chicos, os presento a los que han sido tocados por Poseidón. Están aquí para llevar a cabo una misión, así que será mejor que les tratéis bien.

Para no haberle contado nada, sabía demasiado, aunque por el momento no me preocupaba. Parecía formar parte del colectivo de piratas buenos. Miré a mis compañeros y ellos parecían tan impresionados como yo, por lo que deduje que ninguno de ellos, en un descuido mío, habría hablado más de la cuenta por el camino.

Acompañadme a mi camarote, por favor —dijo Jackie mirándonos a los tres.

Sin demora, la seguimos a través de la puerta de cubierta que conducía a los camarotes de la tripulación y de la capitana, y tras introducirnos en el de la Reina de los Piratas, tuve que contener mi sorpresa.

No había lugar a dudas de que yo no era de por allí.

Jackie cerró la puerta y nos ofreció tomar asiento antes de empezar.

El Reino Pirata no es como os muestran en los libros, humana.

¿Cómo sabes que…?

Se te nota a leguas, tienes un aura que te rodea y que es fácil de identificar. A menos que no formes parte de los elegidos por Poseidón, en ese caso no verás nada. Tú has sido tocada por la mano de una fuerza mayor que te ha encomendado una misión ¿no es así?

¿Qué son los elegidos de Poseidón? —Mi curiosidad me impidió responder a la pregunta de la pirata.

Somos piratas con un don. La magia recorre todo nuestro ser y fluye como si siempre hubiera sido parte de nosotros… Aunque en realidad siempre ha sido así, desde nuestro nacimiento. Somos capaces de ver incluso un posible futuro, que va cambiando conforme se van tomando decisiones —Su explicación parecía razonable, aunque me costaba mucho creer que hubiera piratas con poderes mágicos. Como si eso fuera lo más raro que había visto desde que estaba en aquel universo paralelo—. Entonces ¿es cierto lo que digo?

Sí, aunque no sé qué fuerza mayor pudo encomendarme esta misión… —respondí.

¡Lo sabía! Mis visiones no han cambiado desde que empezaste a aparecer en ellas y supuse que todo marchaba viento en popa. Me alegra saber que es así —Sonrió—. Ahora os enseñaré el lugar donde podréis dormir.


—♦♦♦♦—


Esa misma noche me obligué a mí misma a dormir. Tenía que descansar si quería tener los sentidos en busca forma para buscar a la bestia. Jackie había prometido ayudar en todo lo posible, ofreciendo también a su propia tripulación para la búsqueda. Pero yo no quería involucrar a más gente, demasiados éramos ya teniendo en cuenta que la Reina de los Piratas se había empeñado en ayudarme.

Coloqué ambos brazos tras la cabeza y observé el techo del camarote donde dormíamos los tres. Solo había una cama y, en un acto de caballerosidad, ambos me concedieron dormir en ella. Suspiré sonoramente sin dejar de pensar en una escena en concreto. Me sentía introducida en un libro de fantasía y romance de los que me gustaba leer en casa, sentada junto a la ventana o frente a la chimenea. Pero aquello que sentía era tan real que no podía compararlo con lo que sentía al leer. Entonces, una incógnita llegó a mi mente para quedarse.

¿Qué pasaría cuando todo acabara?

Era consciente de que mi tiempo en aquel lugar era limitado, que tenía que regresar y que debía volver a mi vida normal, pero no quería alejarme de lo que estaba conociendo de ese mundo ni tampoco quería olvidar a Bobb por obligación. Porque una vez regresara, no habría vuelta atrás.

Cerré los ojos con fuerza intentando regresar al presente. No había nada que me atara en mi mundo, pero tampoco pertenecía a aquel en el que me encontraba. Solo estaba de paso por una misión impuesta que decidí llevar a cabo por no dejar desamparados a todos los que dependían de mí.

Davina ¿estás despierta?

Abrí los ojos rápidamente y lo primero que vi fue el rostro de Bobb.

¿Qué pasa?

Mis mejillas ardían sin motivo.

¿Te he despertado? —insistió, pero yo moví la cabeza hacia los lados para indicar que no había sido así— ¿Te importa si hablamos un rato? No puedo dormir.

Claro —Hice sitio a mi lado para que pudiera meterse en la cama y así pudiéramos hablar tranquilamente sin temor a despertar a Nico—. ¿A que es cómoda la cama?

Lo raro es que no puedas dormir —susurró, moviéndose a mi lado.

Es que estaba pensando en muchas cosas, y cuando eso pasa me cuesta dormir. Hacía mucho que no dejaba que mis pensamientos se perdieran en el valle de mi mente…

Giré mi cuerpo hacia él para poder mirarlo y descubrí que él ya se había colocado así antes.

¿Cuánto tiempo llevaba transformado?

Bobb ¿cuánto tiempo llevas así? —pregunté preocupada.

Pues no lo sé, pero estoy bien. No te preocupes de más, demasiado tienes encima como para tener que pensar en mi salud.

Pero me importas. Jamás podría dejar de preocuparme de ti… —Y entonces recordé que debería volver a mi hogar sin él— Aunque yo esté en la Tierra y tú en el Reino de los Tres Reyes.

Miré hacia otro lado, pero él se encargó de que mis ojos volvieran a encontrarse con los suyos.

No pienses ahora en eso, tienes una misión que cumplir y, cuando cumplas tu objetivo, ya veremos lo que pasará. Por el momento, concentrémonos en buscar al monstruo y en vivir lo que estamos sintiendo.

Rocé sus labios con mis dedos. No debía ser tan diferente besar a un humano, pues aunque su aspecto era distinto al nuestro, compartía facciones con nosotros. Su piel parecía estar hecha de tronco de árbol, pero no dañaba a la hora de establecer contacto con ella.


Hipnotizada por sus labios, vi cómo tomaba mi mano con la suya y mantenía mi mano sobre ellos para depositar un beso sobre ella. Todo parecía revolverse aún más en mi interior tras ese gesto.

CAPÍTULO 14 »
¡Espero que os haya gustado! Siento mucho haber tardado con este capítulo (hacía tiempo que lo tenía escrito >.<), pero siento mucho más tener que pausarla hasta la vuelta de vacaciones (al igual que el resto de historias que escribo en el blog). Por suerte, durante el verano podréis poneros al día con cualquiera (o todas) de ellas.

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