Davina | Capítulo 6



Esa misma noche realizaba una segunda inspección a mi habitación cuando alguien llamó a la puerta.

Adelante.

Mi cuerpo se quedó en el mismo sitio mientras mis ojos observaban de nuevo la fotografía de Nise junto a su padre. Ambos se parecían mucho, al menos en la actualidad él se parecía muchísimo a su padre.

¿Puedo hablar contigo, hija?

Se trataba de Ri, la abuela de Nise. La reconocí por esa voz temblorosa que caracterizaba a la anciana. Me giré y la encontré encorvada junto a la puerta. Aún no había visto al resto de la familia menguar tal y como lo hacía Nise, pero quizá fuera mejor así.

Claro, siéntese —respondí.

Caminé hasta la cama y me senté frente a ella.

Confiaba en que accedieras a ayudarnos, no solo a nosotros, sino a todo el mundo que conforman los reinos. ¿Sabías que Bobb lleva observándote para ellos desde hace bastante tiempo? Él tenía la certeza de que aceptarías la misión a pesar de nuestras dudas. Siempre confió en ti y seguirá haciéndolo al menos hasta que se sienta defraudado contigo. Por eso quería hablar contigo —Sonrió y tomó mis manos entre las suyas temblorosas—, porque no me gustaría que mi nieto sufriera sin necesidad. ¿Me entiendes?

¿A qué se refiere? —pregunté sin saber realmente a qué podía referirse.

A que no le ilusiones vagamente. Sufre mucho cuando siente que le traicionan.

Miré a Ri con preocupación. ¿Por qué me decía todo aquello en ese momento? ¿Qué pensaba que estaba haciendo con su nieto?

Le aseguro que no lo haré. Nise es muy importante para mí a pesar del poco tiempo que lo conozco. No podría traicionarle ni aunque quisiera. Además —Hice una pequeña pausa—, no me gustan las traiciones.

Eso espero, hija —Dio varias palmadas sobre el dorso de mis manos y luego se levantó—. No quiero que pienses que te odio o que no me gustas como amiga para mi nieto. Al contrario, creo que eres una buena persona y que harás bien tu trabajo... o lo que quiera que tengas que hacer aquí. Cuida de mi nieto, ¿vale?

Así lo haré —Alcé la mirada para observarla un instante más y, cuando nuestros ojos se encontraron, ella sonrió y me soltó.

Buenas noches.

Le devolví los buenos deseos y esperé a que se marchara para suspirar. No había sido fácil escucharla y contener la rabia. ¿Pensaba que estaba ilusionando falsamente a Nise? ¿Que lo usaría para mis propósitos malignos durante el viaje? ¡A saber qué pasaba realmente por la cabeza de esa mujer! Tal vez había visto algo extraño en su comportamiento y había decidido intervenir.

Me tumbé sobre la cama y fijé mi mirada sobre un punto aleatorio del techo. No podía dormir a pesar de que necesitaba estar despejada para poder empezar el viaje con buen pie. Además, por alguna extraña razón quería causarle más buena impresión a Nico, aunque no hiciera falta.


—♦♦♦♦—


Por la mañana me desperté en una posición bastante extraña. No recordaba en qué momento me rendí al cansancio. Tres toques en la puerta provocaron que mi cabeza girara hasta ella. En ese instante se abrió y apareció Nise, que entró precipitado en la habitación para cerrar la puerta a su espalda. Con la respiración agitada se detuvo para mirarme con una sonrisa que, según pensé, evitaba esbozar.

¿Aún estás así? —preguntó divertido.

En realidad no quedamos en una hora concreta, por lo que iba a tomármelo con... —Entonces reaccioné— ¿Qué haces aquí, si se puede saber?

Se encogió de hombros antes de responder.

Quería comprobar que estabas despierta, nada más.

Sí, claro, y por eso has entrado corriendo como si te estuviera persiguiendo una temible criatura.

En parte es así... Fidra no quiere que me vaya —Bajó la cabeza.

Me incorporé sobre la cama y me senté, mirándole directa y fijamente. Esperaba que, por casualidades de la vida, se diera cuenta de que le estaba mirando y levantara así la cabeza. Pero no fue así y por eso me levanté. Me acerqué a él con calma, pero sin pausa.

Eh —Con una mano en su mentón hice que poco a poco levantara su mirada—, es normal que esté así. Eres su hermano y supongo que entiende que corres peligro en esta misión. Todo es culpa mía, por ser tan egoísta.

Nise abrió los ojos sorprendido.

¿Egoísta por qué? —Yo solo sonreí, y él entendió a qué me refería— ¡Oh, venga! Si no lo hubieras propuesto tú, lo hubiera hecho yo. ¿Crees que después de traerte hasta aquí te iba a abandonar a tu suerte?

No lo sé —susurré.

Prefiero eso a una afirmación rotunda —Fue todo lo que él dijo.

De nuevo, como el día anterior, el silencio se apoderó del poco espacio que había entre los dos. Los nervios podían conmigo y, por si fuera poco, su mirada penetrante no ayudaba en absoluto a que me tranquilizara. Aunque estaba segura de que no lo hacía a conciencia.

Aparté la mano de su mentón y di dos pasos hacia atrás. Debido al pequeño espacio entre la cama y la puerta, pronto advertí la presencia del mueble tras de mí. Giré la cabeza para observarla y después volví a dirigir mis ojos hacia los de Nise.

¿Cómo podía parecerme tan atractivo en aquella forma?

Será mejor que deje que te cambies tranquilamente para que podamos salir cuanto antes. No quiero que Nico —Noté cierto cambio en su voz cuando pronunció ese nombre— se impaciente si no llegamos a tiempo.

Dio media vuelta, abrió la puerta y volvió a dejarme sola. Cerré la puerta y me apoyé contra ella con los sentimientos a flor de piel. No sabía exactamente qué me pasaba, pero debía olvidarlo si quería llevar a cabo mi misión como todos esperaban que lo hiciera.

«Es muy fácil decirlo —me dije a mí misma—, pero no tanto hacerlo».

Decidí ponerme de nuevo aquel vestido. Era tan resistente, o más, que la ropa con la que había llegado a aquel reino. Además, me gustaba su tacto suave, aquellas ondulaciones de las hojas y el hecho de que no fuera tan corto ni tan largo. El largo de por encima de la rodilla era perfecto para mí y para los que me acompañasen. Hasta ese momento no pensé en lo peligroso que sería ir vestida así con dos hombres.

Eso sí, sabía que Nise no actuaría en contra de mi voluntad. Ni siquiera sabía si sentía algo por mí o...

«¡Basta! —interrumpí el hilo de mis pensamientos— ¿Qué hago pensando en eso?»

Terminé de vestirme y salí de la habitación decidida a salir por fin del hogar que me había acogido en tan poco tiempo. Y sin conocerme, lo que ayudaba a que apreciara aún más el gesto.

¡Davina! —La pequeña Fidra se acercó a mí con lágrimas en los ojos— ¿Por qué se tiene que ir mi hermano Bobb? ¿No puedes pedirle que se quede? ¡Anda, anda! Y sino, deja que os acompañe. ¡Por favor!

Tardé en reaccionar, pero su abrazo urgente apremió a que dijera algo pronto.

Yo... —Ella me miró con los ojos aún llorosos—. No puedo. Los reyes han accedido a que me acompañe, la decisión está tomada. Pero —me agaché para quedar un poco más a su altura, pues era mucho más baja que yo— te prometo que regresará sano y salvo.

Mi sonrisa provocó que ella también sonriera y me abrazara por sorpresa. Debido a eso ambas terminamos en el suelo riéndome como, en mi opinión, no lo había hecho nunca. Ambas nos incorporamos, sentándonos en el suelo, y observé que Nise nos miraba con atención aguantando la risa.

¡Venga! Ríete si quieres, así te unes —le animé.

Y surtió efecto, pues con la primera gran carcajada le siguieron otras aún más sonoras.

Cuando nos tranquilizamos todos un poco, él se acercó a mí y me ayudó a levantarme. Lo mismo hizo con su hermana pequeña, quien se abalanzó para abrazarle también.

No quiero que te vayas, hermano. ¡No quiero!

Sé fuerte, Fidra. Necesito que te ocupes de la casa en mi ausencia, ¿vale? Ayuda a mamá, a la abuela y a la tía en sus quehaceres. Y no hagas rabiar a Boggo, ¿vale?

Ella movió la cabeza para expresar su conformidad y se apartó de su hermano. Entonces, Nise y yo nos miramos y, con un hasta pronto como despedida, nos fuimos de allí.

Por el camino hacia los terrenos del castillo, ambos permanecimos en silencio hasta que él se detuvo y lo rompió.

Pase lo que pase... Óyeme bien, Davina. Pase lo que pase, no dejes que te manipule.

¿Quién? —pregunté, confundida.

Nico. ¿Quién va a ser sino? No dejes que te confundan sus palabras. Es bastante poderoso y...

Ya basta ¿no? No me interesa que me manipule y, de hecho, estoy aquí para cumplir una misión, no para dejarme llevar como la adolescente que soy.

Porque habría sido muy hipócrita por mi parte si hubiera dicho alguna mentira relacionada con mi edad. Yo era una adolescente y, como tal, reconocía que a veces me dejaba llevar. Lo había hecho en muchas ocasiones desde que estaba en aquel mundo paralelo ¿no?

Tú solo hazme caso, ¿vale? —insistió Nise— No quisiera que ese... chico te hiciera daño. No te lo mereces.

Está bien, está bien. Pero déjalo ya o me amargarás el viaje hasta el Reino Polar.

Mis palabras fueron más duras de lo que pretendía en un principio, y lo noté por la forma en la que me miró. Volvió a emprender la marcha sin esperar a que yo le acompañara y, cuando reaccioné, tuve que correr para ponerme a su altura. Mientras caminaba a su lado pensé en sus palabras. ¿Por qué habría dicho eso sobre Nico?

Por favor, no vayas a decir nada a Nico de lo que te dije antes... —dijo Nise antes de que nos encontráramos con el paje.

No lo haré —asentí— con la condición de que no vuelvas a comportarte... así. ¡Pareces más pequeño que yo!
Eso me recuerda que no conoces mucho sobre mí —Sacó la lengua como si quisiera burlarse de mí antes de que aumentara la velocidad de su paso.

Dejé que fuera delante mía para poder tener tiempo de pensar un poco más. No entendía por qué había cambiado su actitud conmigo ni el motivo que escondían sus misteriosas palabras. ¿Qué tendría que ver Nico con él? Tenía la certeza de que era una buena persona, pero ¿y si todo había sido una vil mentira para ocultar otros hechos más oscuros?

Sacudí la cabeza e intenté mantener una expresión neutra que no delatara mis pensamientos ante el paje de Baltasar.

Me alegra volver a verte —dijo Nico cuando llegué al fin hasta él.

Volvió a tomar mi mano para besarla como todo un caballero. No sabía qué pensar realmente de él.

¿Por dónde debemos ir hasta el Oráculo? —pregunté, evadiendo su halago.

Pues... —Empezó a decir, pero Nise le interrumpió.

Para ir al Reino Polar tenemos que cruzar de nuevo el bosque que te trajo aquí.

Observé a Nise, que tenía su mirada clavada en mí. Aquello me desconcertó por completo, a la vez que pensaba en la posibilidad de no tener un buen viaje inicial.

Entonces no esperemos más y avancemos —Esperé que de nuevo me guiara hasta allí.

Y pareció que ambos se peleaban por captar mi atención. ¡No entendía nada! Era como la cruenta batalla de dos pretendientes por una princesa indecisa, solo que entre ellos no corría la sangre... por el momento. Y yo tampoco era una princesa.

¡Basta ya! ¿Por qué no os turnáis? Por ejemplo, Nise podría guiarnos hasta la linde del bosque y tú hasta el Reino Polar o... sus inmediaciones —propuse antes de que llegaran a las manos.

¿Y por qué no al revés? —quiso saber Nico.

¿Es que no sabes dónde se encuentra el Reino Polar...? —Antes de que pudiera decir algo hiriente, negué con la cabeza en dirección a Nise. No quería que volviera a comenzar la absurda pelea entre ambos.

No es eso... —Intentó defenderse el paje.

Pues ya está, se hará como he dicho. ¿Entendido? —Alcé una ceja— Y basta ya de peleas.

Crucé los brazos sobre mi pecho y emprendí el camino delante de los dos. No sabía realmente hacia dónde me dirigía, pero de haber tomado la dirección equivocada sabía que al menos Nise me lo diría. Al poco rato lo tuve a mi lado y me susurró:

Gracias.

No hay por qué darlas. Solo te he salvado de una muerte absurda en manos de un chico que dudo que sepa matar a una mosca.

No sabes lo que estás diciendo... —Empezó a decir Nise, pero se calló cuando vio que tenía mis ojos sobre él— Bueno, bueno, no me pegues... —Y soltó una carcajada sonora que me hizo reír.

¿De qué habláis, par de tortolitos?

Ambos nos giramos hacia Nico, que había permanecido durante todo el trecho detrás de nosotros.

¿Pero qué dices? —pregunté yo, restándole importancia al asunto.

Pero la verdad era que mi corazón se sobresaltó pensando en la pequeña y remota posibilidad de que Nise y yo pudiéramos ser pareja. ¿Qué me pasaba últimamente?

No somos pareja, ni tortolitos, ni nada. ¿Entiendes? —agregué mirando a ambos. Nise parecía sonrojado, aunque no podía asegurarlo al cien por cien. Su piel verdosa predominaba más— Además, no te importa lo que hablemos.

Vale, vale —Se rindió Nico—. Cambio de tema. Nunca te había visto así, Bobb. De hecho, me costó reconocerte antes. De no ser por Davina, que te acompañaba, hubiera pensado que eras un intruso...

Tuve que sostener a Nise para que no se abalanzara sobre él. No conocía aquel aspecto de él, ni siquiera me lo habría podido imaginar.

Tranquilo, Nise —le dije al oído—. A mí me gustas de las dos formas.

Por desgracia para mí, pronto tendré que menguar mi tamaño —respondió en mi oído.

Algún día me tendrás que contar algo más sobre ti... —Separé mi cuerpo del de Nise y miré a Nico con seriedad— Avancemos, no tenemos todo el día.

Ni siquiera creía que pudiera perder mucho tiempo si la misión era tan importante.

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