3 de octubre de 2013. Provincia de Sevilla.
Una de las razones por las que amaba tanto a Dan era por su romanticismo. A veces me regalaba rosas sin motivo, o me invitaba a cenar para celebrar otro día más juntos. La confianza que ambos teníamos era la suficiente como para hablar sobre cualquier tema sin que me ruborizara, o sin que él se trabara al hablar.
Como cuando hablábamos sobre sexo. Al principio de nuestra relación era impensable para mí pensar siquiera en acostarme con Dan, por mucho que confiara en él como hombre y como persona. A medida que fue avanzando nuestra relación, mis ganas por demostrarle lo que sentía por él fueron aumentando, y ya no bastaba con decírselo o con besarle con esa intensidad que a veces se me escapaba por los labios.
No bastaba porque yo quería algo más.
Al año y medio de estar juntos surgió y, como ambos pensamos, fue increíble. Tuvimos nuestros problemas, pero al final conseguimos que toda la magia y el amor fluyera entre nosotros.
Sin embargo, aquel tres de octubre, mis sentimientos actuaban por sí mismos. Mi cerebro no controlaba a mi cuerpo ni a mi corazón, por lo que me abalancé sobre él en cuanto lo vi entrar por la puerta. Lo besé como nunca antes lo había hecho, pero con esa intensidad que tanto me caracterizaba desde que estábamos juntos. A pesar de su sorpresa inicial, no me detuvo, sino que sus manos sobre mi cintura me incitaron a continuar.
―Que fogosa estás hoy ¿no?
―Solo es una forma más de demostrarte lo mucho que te amo. Y que cada día va a más.
Volvimos a besarnos y la lujuria se apoderó de mi cuerpo. Desabroché su camisa con apuro y se la quité de un tirón, sin reparar en los posibles daños que la prenda pudiera sufrir. Con pasos torpes, ambos nos dirigimos hacia la habitación.
―¿Ni siquiera me vas a dejar comer?
¿Y qué necesidad había de comer si antes podíamos alimentarnos el uno del otro?
―¿De verdad quieres que te responda a eso? ―pregunté alzando una ceja.
Como respuesta, atrajo mi cuerpo hacia el suyo y volvió a besarme con fuerza, con esa pasión que tanto me gustaba en él. Empujó mi cuerpo hacia la cama y terminó de desvestirse antes de comenzar a hacer lo mismo conmigo. Sus caricias por mi cuerpo encendieron mi ser y mi corazón, que siempre palpitaba por él, latía desbocado. El hormigueo apareció en mi pecho y se fue extendiendo por todo mi cuerpo, haciéndome sentir amada y, a la vez, deseosa por sentir a Dan en mi interior.
Finalmente nos entregamos el uno al otro.
―Te amo, María ―Me besó en la frente y se levantó de la cama para vestirse―. Necesito comer algo.
Desapareció de la habitación y, al cabo de unos segundos, oí ruido en la cocina. Tras unos minutos recordando lo acontecido anteriormente, decidí levantarme para ayudarle a preparar la comida.
Próximamente... CAPÍTULO 5