20 de febrero de 2016

Davina | Capítulo 7


Cuando entramos en el bosque, Nise ya había menguado. Antes de hacerlo me había explicado que era de suma importancia, pues sus energías podrían verse perjudicadas. Aún no conocía el motivo de sus transformaciones, ni qué misterio escondía aquel mundo paralelo en el que estaba atrapada.

Esperaba que, con la visita al Oráculo, todas mis preguntas obtuvieran respuesta.

¿Sabes? —comentó Nico a mi lado— Yo no creo que ese Oráculo sea de mucha ayuda.

¿Por qué dices eso? —pregunté sin girarme para mirarlo.

Porque nunca creí que existiera alguien con esas características. Los reyes, en especial mi señor Baltasar, creen fervientemente en él. Pero yo creo que no es más que una farsa para atraer a los ilusos. Ni siquiera creo que tenga las respuestas a todas las preguntas. ¡Eso es imposible!

Seguí mirando hacia delante, sin perder de vista a Nise. Estaba muy ocupado marcando el ritmo y observando todo lo que había a su alrededor. Aunque en más de una ocasión me pareció ver que me miraba de reojo.

Pues yo sí que lo creo, fíjate. Y en caso de que sea un farsante, siempre podemos irnos por donde hemos venido y ya ¿no crees? ¿Por qué tanto drama, Nico? —Me detuve para mirarle a los ojos.

Tus ojos son más bonitos de lo que pensaba.

No digas tonterías. Son marrones, de esos normales y corrientes que abundan —Dejé de hablar un momento—. Dime una cosa ¿sabe Laura que siempre tonteas con todas las chicas guapas que conoces?

Eh... ¿Qué? ¿Qué tiene que ver Laura en todo esto? —indagó, confuso.

No soy estúpida, Nico —respondí—. Sé que no soy la primera a la que intentas seducir. Y la primera fue ella, aunque pensé que lo vuestro era realmente amor...

Y lo es. ¿Pero qué esperas que haga cuando paso la mayor parte del tiempo solo?

¿Sabes una cosa? Mejor ni me hables —sentencié con rotundidad.

Avancé hacia Nise con rapidez y me situé a su lado sin decir nada. La actitud de Nico había cambiado mi humor drásticamente. No resultó ser como yo esperaba.

¿Qué pasó, Davina?

Tras acostumbrarme a su estatura cercana a la mía, no reconocí de primeras la voz de Nise. Y cuando lo hice, miré hacia él con una sonrisa. Intenté ocultar lo ocurrido con Nico.

Nada.

No lo creo. Es más, estoy seguro de que Nico ha sido el responsable de lo que te ocurre ¿me equivoco?

Junté mis manos y empecé a frotármelas, desviando la mirada en el proceso. ¿Cómo podía ser capaz de averiguar qué me ocurría si apenas nos conocíamos?

No hace falta que me lo confirmes con palabras, tu actitud lo dice todo —añadió él.

Bajé la cabeza para observar el suelo que pisaban mis pies. Por un momento olvidé todo el asunto de la misión, la visita al Oráculo y todas las preguntas que necesitaban respuesta. Olvidé que estaba en otro mundo, con dos seres completamente distintos que parecían competir por mi afecto y con los que tendría que lidiar durante todo el viaje. Por un momento pensé que todo lo que había leído era una farsa, que nada de lo que conocía era verdad. La actitud de Nicolás me lo había demostrado, sus palabras me habían llenado de un rencor incomprensible para mí.

El héroe se había convertido en un perfecto idiota.

¿Sabes una cosa? —Volvió a hablar Nise— No merece ni siquiera formar parte de tus pensamientos.

Lo sé —respondí—, pero me da mucha rabia. Pensé que no sería así de...

¿Idiota? ¿Estúpido?

¿Sabes que son palabras diferentes para describir lo mismo? —Reí— Pero sí, no pensé que fuera así de idiota.

Me gustas más riendo que cuando estás enfadada —comentó Nise—. ¿Crees que podrás hacerte el favor de no darle importancia a Nico y pensar en lo realmente importante?

De nuevo bajé mi mirada hacia el suelo mientras continuaba caminando. Nise no se encontraba muy lejos de mí y, por supuesto, mis ojos estaban tan cercanos al suelo como a su pequeño cuerpo.

¿Alguna vez me contarás por qué puedes aumentar y menguar de tamaño? —pregunté con la mirada aún clavada en el terreno bajo mis pies.

Es algo que tengo pendiente desde que decidiste acompañarme a este mundo. Cuando llegue el momento te contaré todo lo que quieras saber, no es necesario que atosigues al Oráculo con preguntas que yo mismo podría responder sin problemas.

Aquella respuesta me tranquilizó tanto que esbocé una sonrisa sincera en su dirección.

Cuando levanté la mirada apenas vi algo más que no fueran ramas y hojas ante mí. En ese momento, más que en cualquier otro, me alegré de haber sugerido que me acompañara. Sin él no hubiera sabido salir del bosque, y estaba segura de que Nico tampoco hubiera podido... Hacía un buen rato que no oía pasos tras de mí, o la respiración lejana de quien se encuentra detrás en una expedición. Miré a mi espalda y no vi ni rastro de él.

Espera un momento. ¿Dónde ha ido Nico?

¡Vaya! Al final vamos a tener que preocuparnos por él... —Nise se giró también y echó un vistazo a su alrededor— Parece que lleva un buen rato desaparecido, porque las únicas huellas que soy capaz de distinguir son las nuestras. Es más idiota de lo que pensaba...

Tenemos que encontrarle. ¿Si nos separamos del camino principal crees que seremos capaces de salir del bosque?

Estoy completamente seguro de eso. Conozco este bosque como la palma de mi mano.

Aquella afirmación me tranquilizó, pues de otra forma quizá tendría que haber pensado en la posibilidad de abandonar a Nico a su suerte. No valía la pena arriesgar tres vidas solo por una que había tomado la decisión de cometer un error.

Y pensar que lo había llegado a admirar por ser quien era.

No te separes de mi lado, Davina. No quiero que tú también te pierdas...

Iba a responder cuando vi que, de nuevo, empezó a transformarse.

Creo que así podremos encontrarle mejor, mi otro tamaño no nos sería de gran ayuda —explicó, a pesar de que en ningún momento pensé en preguntarle por qué lo había hecho.

Comenzamos a andar evitando cruzarnos con animales peligrosos o con trampas mortales. En aquel lugar abundaban. La distancia entre los dos era mínima, pero la suficiente como para que no hubiera roces extraños. Aunque por alguna extraña razón deseaba que se realizara algún tipo de contacto entre nosotros. De vez en cuando le miraba de reojo para descubrir que él hacía lo mismo conmigo. El silencio estaba matándome lentamente, y no sabía si era por él, por mí o por lo que me hacía sentir.

Mis torpes pies tropezaron con algo que no logré identificar. Creí que caería de bruces sobre el suelo, pero algo rodeó mi cintura. Nise empujó mi cuerpo hacia él y ambos quedamos frente a frente.

Gra-gracias —balbuceé.

Sus manos se aferraron a mi cintura.

Solo hice lo que tenía que hacer. Hubiera sido una caída muy dolorosa...

Pero yo no podía pensar en eso, sino en esa voz tan seductora que tenía cuando aumentaba de tamaño.

Menos mal que accediste a acompañarme —admití al fin.

No podría haber sido de otra manera, y tampoco me habría perdonado no hacerlo. Yo te traje aquí ¿no?

Y seguía hablando de manera pausada, seductora, como si de un momento a otro ambos nos fundiéramos en un beso de película. Permanecimos callados y, para mi sorpresa, estaba lo suficientemente tranquila como para no temblar en sus brazos. Su mano derecha subió hasta mi mejilla y la acarició con lentitud.

Deberíamos continuar la búsqueda.

Me soltó y emprendió de nuevo la marcha hacia delante. Quedé parada en el sitio y sorprendida por mi propia actitud. El corazón latía a mil por hora. Le seguí cuando mis piernas reaccionaron a las órdenes de mi cerebro, colocándome al lado de él y observando a mi alrededor por si veía a Nico por alguna parte. ¿Dónde se habría metido?

¿Y si nos oyó y ha vuelto al castillo?

No lo creo —respondió Nise—, él jamás desobedecería una orden de Baltasar. Su lealtad hacia él es demasiado grande como para actuar de manera estúpida. Seguramente se despistó y acabó perdido. Recuerda que nosotros tampoco le prestamos demasiada atención durante unos minutos.

Asentí y continué con mi propia búsqueda. De vez en cuando aparecía en mi mente la imagen de lo ocurrido anteriormente en contraposición con la ridícula discusión con Nico. La vergüenza se apoderó de mí; quién me hubiera dicho en París que acabaría actuando de esta forma y ante dos desconocidos. O peor aún, ¿cómo habría reaccionado si, antes de que Nise apareciera, me contaran lo que llegaría a ocurrir si decidía acompañarle?

Tal vez me hubiera negado en rotundo a creerlo.

En la distancia oí el lamento de alguien, por lo que decidí arrastrar conmigo a Nise y observar escondidos tras unos matorrales. Si se trataba de Nico lo ayudaríamos, sino ya decidiríamos qué hacer. Ante todo teníamos que pensar por todos los que estaban involucrados en aquella misión de la que aún no sabía nada.

Nicolás, ¿sabes a qué te enfrentas si nuestros señores se enteran? Baltasar te asignó a ti como acompañante de la chica, no puedes echarlo todo a perder. Él jamás encontrará a alguien parecido a ti.

Nise y yo permanecimos escondidos entre varios arbustos.

Lo sé, Eleazar, pero necesito que me des tu consejo. ¡Yo no pedí esto!

¿Cómo que no? No dejaste de insistir para ser tú quien los acompañara. Baltasar te eligió porque no tuvo más remedio, pero Melchor me eligió a mí por ser el que tiene más experiencia. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

Ella —Nico parecía muy tenso.

¿Cómo que ella? ¿No te habrás dejado seducir...?

¡No! —respondió rápidamente el paje de Baltasar— He sido yo quien lo ha intentado y me ha dejado las cosas muy claras. Además, sabe de la existencia de Laura...

¿Cómo es posible? Davina es una simple humana... —El tono del que se hacía llamar Eleazar no me gustó en absoluto.

Nico soltó una carcajada muy sonora.

Tú no la conoces. Podrá ser solo una humana, pero de simple no tiene nada.

Sonreí al saber lo que opinaba de mí. En realidad, no esperaba que fuera a defenderme de esa forma después de nuestra pelea.

Tampoco es para que te enfades —Se defendió Eleazar— Estoy aquí porque me has llamado, no porque yo haya decidido venir. Pero será mejor que regrese si no quiero que mi señor me regañe...

Eleazar desapareció y Nico se quedó solo entre los arbustos. Nise y yo nos miramos sin saber qué decir hasta que nos levantamos. El paje nos miró sorprendido.

¿Habéis estado todo el rato escuchando?

Respondimos cada uno por nuestro lado con una afirmación y una negación que confundió más el rostro de Nico.

Lo siento —dije finalmente, no podía negar lo evidente.

¿Por qué lo habéis hecho?

Porque te estábamos buscando y no creímos conveniente meternos en tus asuntos. Además, pensábamos salir si en algún momento corrías peligro, pero ya vimos que no.

Claro que no —Se apresuró a decir—. Avisé a Eleazar para que viniera porque necesitaba consejo...

No hace falta que des explicaciones —recalqué. Miré a Nise—. ¿Volvemos? No podemos perder más tiempo.

Nise asintió y miró a su alrededor, no supe para qué exactamente. Seguí su mirada y solo pude ver maleza y más maleza, aparte de algunos árboles altos distribuidos aleatoriamente. Volví a observar a Nise y, al ver su preocupación, empecé a agobiarme.

¿Qué pasa? Dime que podemos salir de aquí, por favor.

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