Davina | Capítulo 5

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El abrazo duró escasos segundos, pero no por incomodidad, sino porque Nise parecía un poco más calmado. Nuestros rostros quedaron a pocos centímetros y sus manos sobre mi cintura. Nos miramos mutuamente. Sus ojos verdes parecían querer hechizar mi alma.

Gracias por... el abrazo. Me ha ayudado mucho —dijo él, colocando su mano derecha sobre la nuca.

No ha sido nada —respondí separándome definitivamente de él.

Durante un corto período de tiempo ninguno de los dos fue capaz de hablar. Me sentí confusa, perdida entre aquello que no sabía si sentía, debía sentir o solo lo pretendía. Nise solo me miró con cierto interés, como si en mi rostro pudiera descifrar la clave de algún misterio.

En realidad yo venía a avisarte para que vayamos a desayunar —comentó Nise, esbozando una pequeña sonrisa.

Asentí y volvimos a observarnos con detenimiento. Todo estaba siendo muy extraño.

Será mejor que me vista... —dije bajando la mirada.

Te dejo sola, entonces.

Y Nise se marchó de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Inspiré hondo varias veces antes de buscar algo adecuado en el arcón o el armario. No estaba segura de que mi atuendo fuera adecuado para andar por aquellas calles sin llamar la atención. Aunque podría no encontrar algo de mi talla debido a las formas cambiantes de mis anfitriones, hice lo posible por hallar la prenda adecuada. Rebusqué en ambos muebles hasta que encontré una especie de vestido verde que parecía hecho con hojas, pero a la vez bastante resistente. O al menos, eso quería pensar. En la parte baja del armario encontré unas sandalias a juego con aquel vestido y no dudé en ponerme todo lo más rápido posible.

Cuando salí al encuentro de los demás, que se encontraban en la sala donde el día anterior se hicieron las presentaciones, todos se quedaron mirándome con la boca abierta.

No sé si debí... —empecé a disculparme.

¡Tonterías! —exclamó Wind— Además, hace tiempo que no me pongo ese vestido. Te queda mejor a ti.

Recorrí con mi mirada a todos los comensales deteniéndome en la mirada embobada de Nise. Sonreí y me senté a su lado, pues no había otro lugar disponible donde poder hacerlo. «¿Casualidad...? No lo creo» pensé.

Estás muy guapa, Davina —susurró Nise a mi lado.

Observé a mi alrededor pero, al parecer, cada uno estaba a lo suyo comiendo o conversando con los que tenían al lado. Dirigí mi mirada hacia el plato y descubrí dos partes de frutas diferentes que tenían muy buen aspecto. Intuí que dos de ellas eran las que yo conocía como melocotón y pera, pero las otras dos no tenía ni idea de qué equivalencia tenían con mi mundo. Quizá, ni siquiera existieran allí.

Dime, mi niña, ¿has tomado ya una decisión? —preguntó Ri, clavando su mirada violeta sobre mí.

Todas las miradas se volvieron hacia mí y, por si fuera poco, todos dejaron el desayuno esperando mi respuesta. ¿Qué debía contestar? ¿Qué sí, pero que no era la que esperaban? ¿Que aún no había pensado en ello? Observé a todos deteniéndome en cada uno de ellos por unos segundos hasta que, de nuevo, mis ojos se clavaron en los de Nise. Bajé mis manos a mi regazo y, como si algo le impulsara, él bajó la suya con discreción para tomar mi mano derecha. Su apretón me dio la fuerza que necesitaba para responder finalmente:

Sí. Os ayudaré.


—♦♦♦♦—


Después de desayunar, Nise –de nuevo en su forma pequeña– y yo nos dirigimos al castillo de nuevo. Debíamos comunicar aquella gran noticia a los tres reyes. Él prometió que al día siguiente yo tendría una respuesta y, si lo pensaba con detenimiento, tenía razón. Aunque no se aventuró a apostar alto con cuál sería exactamente, pero no hacía falta. Estaba segura de que él confió hasta el último momento en que sería afirmativa.

Nada más llegar y presentarnos ante ellos, no hizo falta que dijéramos nada para que ellos supieran por qué habíamos ido y cuál era nuestro mensaje.

Nos alegra saber que has tomado la decisión correcta —dijo Baltasar en nombre de los tres—. Estamos seguros de que te irá bien en tu misión ¿verdad?

Melchor y Gaspar asintieron.

Sin embargo, tengo una condición que poner. Nise —le señalé—. Digo, Bobb, quiero que me acompañe.

Sabíamos que pondrías esa condición —dijo Gaspar con una sonrisa—. No te preocupes, será como tú quieras. Al fin y al cabo, no podemos obligarte a que vayas sola. Nadie puede.

¡Sería una misión suicida! —añadió Melchor, llevando ambas manos a su cabeza.

A mi lado Nise reía en voz baja, como si quisiera reprimir una carcajada más sonora. La situación, desde mi punto de vista, era un poco surrealista. Melchor tenía razón con sus palabras, aunque tal vez mi compañero se riera por otro motivo diferente.

Soy consciente de ello —respondí, intentando reprimir una pequeña risa. Nise aún seguía queriendo evitar reírse sin éxito—. Por eso quiero que él me acompañe.

Y no quería a nadie más porque era el único en el que podía confiar y, por mucho que quisieran que me acompañara alguno de sus pajes, no tenía sentido que se vieran desprovistos de sus ayudantes. Aunque ellos no pensaban igual que yo.

De todas formas, permite que te ofrezca la compañía de mi paje Nico —sugirió Baltasar, aunque más que una sugerencia parecía una imposición.

Me niego. Tendrá cosas mejores que hacer que acompañar a una desconocida...

Te equivocas —rebatió Baltasar—. Además, está deseando conocerte.

Un momento, un momento. ¿Que Nico, el paje que llevaba tanto tiempo deseando que apareciera de manera mágica en mi vida para poder conocerlo, tenía ganas de saber quién era yo? No podía creerlo.

Baltasar dio dos palmadas y, por la única puerta que había a su izquierda, salió un chico moreno vestido como todo un miembro de la nobleza. Como si fuera uno de los príncipes de aquel castillo. Su sonrisa, que no disminuyó en ningún momento, se acrecentó cuando nos vio en el centro de la sala. Sin esperar ninguna orden de su rey, se acercó a mí.

Tenía muchas ganas de conocerte, Davina.

Me sorprendió ver cómo levantaba mi mano derecha y depositaba segundos después un beso en el dorso. Era tan caballeroso como recordaba... Aunque nada me aseguraba que fuera tal y como la autora mostró en su libro que era.

Encantada...

Miré de reojo a Nise, quien había optado por mirar hacia otro lado. Parecía que era una escena de esas en las que la chica va a ser presentada al príncipe que quiere cortejarla. La típica que solo se vive en los cuentos de hadas que se leen en la adolescencia, aunque yo nunca había leído una novela de ese calibre.

Además, no me gustaba que el príncipe fuera tan egocéntrico como para pensar que con solo mirarle la chica se enamorará de él. ¿No debería ser diferente? ¿Al revés, tal vez?

Abrí la boca para decir algo cuando me percaté de que todos me miraban. Había fruncido el ceño ante mis pensamientos anteriores.

Me parece que vas a tener que aguantarme durante todo tu viaje —dijo Nico despreocupado.

No creo que sea para tanto, seguramente me ayude tu presencia más de lo que crees.

Pues no se hable más, chicos. Mañana partiréis todos al amanecer.

Así que tendría que esperar otro día para poder comenzar con aquella misión desconocida.

No os olvidéis de ir a visitar antes al Oráculo para que pueda proporcionarte las respuestas que necesitas —nos recordó Gaspar, aunque más bien parecía que la advertencia iba dirigida directamente a mí.

No lo olvidaremos —Fue Nise quien respondió en mi lugar. Después añadió—. ¿Dónde nos vemos mañana, Nico?

Su tono de voz sonaba mucho más distante cuando se dirigió directamente hacia el joven paje. Aunque o no pareció notarlo, o hizo caso omiso.

¿Os parece bien en la puerta de mi hogar? Quizá necesitemos algunas de mis cosas para el viaje...

Nise me miró esperando una respuesta. Yo asentí y él hizo lo mismo después.

Entonces allí nos vemos. Confío en que Bobbeley sepa guiarte bien por los terrenos hasta mi hogar —Me guiñó un ojo y yo no supe qué pensar. Eso sí, removió demasiado mi interior—. Nos vemos mañana.

Dio media vuelta y se marchó por donde había venido. Nise y yo salimos del salón del trono y no intercambiamos palabras hasta que salimos del castillo.

¿Quieres que te enseñe un poco más de la ciudad? —Sonrió.

Estaba deseando que me lo preguntaras.

Nise volvió a cambiar de tamaño y, cuando su transformación terminó, me agarró del brazo y nos fuimos en dirección a la ciudad.

4 comentarios:

  1. Sigue escribiendo porque es genial....
    me quedo por aquí.
    Por cierto, aquí te dejo mi blog: http://libros-mundanos.blogspot.com.es/
    Nos seguimos y leemos!
    Muchas gracias y besitos:)

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, me alegra saber que te gusta.
      En un rato me paso por tu blog ;)

      Saludos.

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  2. anita21.1.16

    Ole te esta quedando precioso.

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