
Debo admitir que este dorama japonés lo vi antes que el anime de la anterior entrada de esta sección, pero como tuve que dejar reposar unos días mis feelings con esta serie preferí dejarla como la segunda de este año en cuando a los Momentos fan. Sin nada más que agregar ¡empecemos!
Recuerda, en caso de que la imagen tarde en cargar, que esta entrada puede contener spoilers, así que lee bajo tu propia responsabilidad.

He empezado fuerte con los doramas. Bastante fuerte, a decir verdad. En el primer capítulo ya me encontré con una escena que no esperaba, pero eso no me echó para atrás a la hora de seguir viéndola. Lo que más me gustó en un primer momento es el carácter introspectivo de la serie. La protagonista en todo momento reflexiona sobre su estado actual, sobre su pasado y sobre qué debería hacer en el futuro. Me he sentido muy identificada con Wako en ese sentido y creo que por eso me mantuvo tan enganchada durante las horas que permanecí pegada a la pantalla del ordenador. Y de la misma forma que ella me gustó, su pareja Fu no tanto. Desde el principio me pareció infantil, despreocupado y en ocasiones con una mala actitud hacia ella. Con esta premisa no me extraña que ella empiece a plantearse si esa relación va a algún sitio o no. ¿Quién no lo haría? Sobre todo si la rutina pesa cada vez más.

Wako trabaja en un cine que pone películas que no se ven en otros cines. Es un trabajo a media jornada y, aunque el de Fu es de jornada completa, básicamente viven con el sueldo de ella y por eso él insiste en que se consiga un trabajo de jornada completa también. Ella ni siquiera se lo piensa, sobre todo cuando un día aparece en su cine un chico que llama su atención en cuando le ve. Por si fuera poco, antes de entrar en la sala se le cae la entrada y ella se agacha para recogerla. Aunque no puede evitar sentir algo de vergüenza al hacerlo (obviamente porque ha tenido que ser precisamente cuando le tocaba a él). Cuando la película termina y todos se han ido, ella entra a limpiar y se encuentra con la sorpresa de que Iko, que así se llama el chico, se ha quedado dormido. Lejos de despertarle y decirle que se vaya, se acerca a él para olerle y pensar que no huele como Fu (lo cual es lógico porque son dos personas distintas). Ese momento me pareció de lo más creepy, porque no se me ocurre ahora otra palabra, pero a la vez chistoso por cómo reacciona cuando él al fin despierta.

Y lo mejor de todo no es eso, sino que él se va y deja olvidado su carnet de estudiante. A partir de aquí es donde comienza la chicha, lo bueno, porque la protagonista tendrá la oportunidad de volver a verle cuando él vaya a recogerlo. Pero cuando lo hace... Se le va la pinza y dice que no, que no lo encuentra en los objetos perdidos (después de que lo saca cuidadosamente de su bolsillo para que él no lo vea y lo deja en la caja). En fin, que ya te podrás imaginar lo que viene a continuación: ella le pide el número to' casual para avisarle cuando lo encuentre y al día siguiente le llama para decírselo. A partir de ese momento tienen más encuentros y poco a poco empiezan a gustarse más y más. Pero hay un problema, bastante grande además: ella sigue con Fu y a Iko no le ha dicho que tiene pareja, por lo que la relación de ambos empieza con una mentira y una infidelidad por parte de ella. Pero aún hay algo más fuerte... ¡Iko solo tiene quince años! Lo que significa que su relación está prohibida por la ley y deben ser discretos si no quieren ser señalados por la calle.
Love and Fortune tiene muchas cosas que me han gustado, como las reflexiones de Wako (de las que ya he hablado antes), el hecho de que a Iko no le importe la edad de ella y como a pesar de todo, Wako consigue hacer una amiga en el centro donde posteriormente trabaja.
Otra de las cosas que disfruté del dorama fue cómo se entrelazaba con las escenas de una de las películas de Okihara, un director de cine que empezó trabajando en el mismo cine que Wako. La escenografía es espectacular.
Sin embargo, también hay cosas que no me han gustado. La principal: los excesivos celos de Iko, así como la posesividad que ejerce sobre ella. Ambos son dos personas inseguras que han apostado por darle una oportunidad a su relación, aunque todo el mundo esté en su contra. No obstante, cada uno lo es debido a sus propias circunstancias personales. En el caso de Wako, haber sido invisible para el resto durante casi toda su vida le ha pasado factura (y es por este motivo que pensaba que no podía dejar a Fu, porque era el único que se había fijado en ella) y quedarse soltera a los treinta y dos no es algo que le entusiasme mucho. En cuanto a Iko, su inseguridad es debida a la poca experiencia que tiene y el hecho de haberse fijado en alguien mayor que él, que encima le mintió... Pues ya te lo imaginarás ¿no?
Como punto extra y especial de este momento fan hay un personaje que me ha enamorado completamente: Tsuchiya. A lo largo del dorama se nos presenta, a través de flashbacks de la protagonista, como el ex que le fue infiel cuando Wako era más joven. En un principio me pareció de lo peor, llegué a detestarlo, pero cuando hace su reaparición en la vida de Wako... ¡Madre mía! No solo se ve más maduro y atractivo, también ha cambiado (debido a que le hicieron lo mismo que él hacía). Me dio mucha pena que ella no aceptara su proposición de estabilidad, pero a la vez también me gusta que no lo hiciera. Es mejor aprender a vivir de manera independiente que atarte a algo seguro y no ser completamente feliz.
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| ¿Se puede ser más mono? |
En fin, hasta aquí la entrada de hoy porque, como es obvio, no quiero desvelar cuál es el final de la serie. ¡Eso te lo dejo a ti! Espero que te haya gustado este desvarío.
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