
Resulta que el otro día, después de pasar unos bastante malos, me entraron ganas de escribir otro relato de esta pareja que me encanta y, por eso, me puse a ello reviviendo la escena que narro a continuación. Es decir, la escena que leerás en este relato aparece en la película, pero la he alargado con algunas cosas que realmente no suceden en ella. Espero que disfrutes de la lectura tanto como yo lo hice al escribirla.
Si no leíste el anterior, te invito a que te pases por: El amor de un enano.
Smaug había muerto y la Ciudad del Lago había quedado desolada. A sus habitantes solo les quedaba empezar de cero y, en el mejor de los casos, reconstruir la ciudad. Mientras Óin, Bofur y Fili se preparaban para partir hacia la Montaña Solitaria y reunirse con el resto de la Compañía, Kili se debatía entre hablar con Tauriel o no. Pero ¿cómo dejarlo pasar si era posible que no se volvieran a ver?
Por su parte, Tauriel no dejaba de mirarle. Aún recordaba
las palabras que Kili había pronunciado en un momento de delirio. Le gustaría
tanto que fueran reales, pero también se recordaba a sí misma que aquello no
estaba hecho para ella. Ni siquiera conocía el significado del amor… Vio cómo
se acercaba el enano y, aun sabiendo que cerca se encontraba Legolas,
permaneció en el sitio. La curiosidad por saber las intenciones de Kili eran
demasiado fuertes.
—Tauriel.
Demasiadas emociones juntas con la simple mención de su
nombre.
—¡Kili! Venga —Tauriel observó a Fili mientras empujaba la
barca junto a Bofur y a Óin—, ¡nos vamos!
No obstante, Kili mantuvo fija su mirada sobre ella. Tauriel
bajó la suya consciente de que él debía marcharse. En su situación estaba
segura de que lo haría.
—Es tu pueblo. —Levantó la cabeza de nuevo para fijar sus
ojos en él—. Debes irte.
Y se marchó sin mirar atrás. No quería despedirse de él, no
mientras aún tuviera la esperanza de volver a verle, aunque no estuviera segura
de que fuera posible. Entonces, la propuesta de Kili provocó que algo dentro de
ella se removiera.
—Ven conmigo.
Ella se giró sorprendida. ¿Cómo podría acompañarle? Eran de
dos mundos diferentes.
Kili se acercó más a ella.


—Sé lo que siento, no me da miedo. Tú me haces sentir vivo. —Sonrió.
No supo si se debía a la sinceridad de sus palabras, a su
sonrisa o a todo el conjunto, pero Tauriel en ese momento habría dado lo que
fuera por poder acompañarle. Sin embargo, era imposible que eso sucediera.
—No puedo… —Giró la cabeza sin poder sostenerle la mirada.
—Tauriel. —La agarró del brazo—. Amrâlimê…
La elfa volteó la cabeza con rapidez al escuchar lo último.
—No sé qué significa.
Sus ojos se mantuvieron fijos en los del enano, quien no dudó
en afirmar con una sonrisa:
—Yo creo que sí.
Ella dio un paso más hacia él con la intención de decirle
algo, pero levantó la mirada, viendo que Fili los observaba y sintiendo una
presencia familiar cerca de ella.
—Mi señor Legolas —dijo
Tauriel en lengua élfica.
Kili frunció el ceño.
—Despídete del enano
—indicó Legolas en la misma lengua. Kili le miró manteniendo el gesto—. Se te necesita en otro lugar.
Tauriel miró a Kili sin saber qué hacer. ¿Obedecer a Legolas
o hacer caso a lo que le dictaba su corazón? Sin darse cuenta, dio un paso
atrás y él, con el ceño aún fruncido, se dirigió hacia donde se encontraba su
hermano. Ella le observó sin hacer ni decir nada, sintiendo cómo algo se
derrumbaba en su interior. Entonces Kili se giró y volvió a acercarse. Tomó su
mano y Tauriel bajó la mirada para observar cómo depositaba su amuleto sobre
ella y la cerraba después. Kili levantó sus manos, que aún sostenían la de
ella, y habló mirándola a los ojos:
—Consérvala. Como promesa.

A pesar de la tristeza que la elfa silvana sentía, aquel
simple gesto la llenó de regocijo. Tanto, que sonrió, sujetando fuerte el
amuleto. Vio a Kili marcharse con decisión y subir a la barca. Se iba. Se
alejaba de ella y no era capaz de hacer nada para detenerlo y poderle expresar
sus sentimientos de alguna forma. Abrió la mano para observar lo que le había
dado y derramó algunas lágrimas, consciente de lo que aquello significaba.
Y aunque Kili y el resto de los enanos empezaban a alejarse,
Tauriel corrió, no sin antes guardar en su atuendo el amuleto.
—¡Kili! —Le llamó.
Él se dio la vuelta y la vio correr hacia ellos. En un
impulso, soltó el remo, saltó de la barca y con toda la rapidez que le permitía
el agua, se acercó hasta ella. Ambos se fundieron en un abrazo tan intenso que,
de haber podido, hubieran sentido el torrente de sensaciones del otro.
—Volveremos a
encontrarnos, Kili —se despidió ella en lengua élfica.
El abrazo se intensificó un poco más hasta que ambos se
separaron. Kili no podía hacer esperar más a los otros tres enanos.
—Hasta pronto, Tauriel.
Le vio alejarse a través del agua y, cuando volvió a subir a
la barca, la elfa volvió a la orilla para reunirse con Legolas. Era hora de
partir.
¡Espero que te haya gustado! No olvides dejarme un comentario con tu opinión.
Ficción Romántica te informa de que tus datos personales recogidos en este formulario serán tratados únicamente por la administradora de este blog, Rocío Crespo, con la única finalidad de enviarte novedades, regalos e información de utilidad (nunca spam). Además, te informo de que los datos que facilitas a través de este formulario estarán ubicados en los servidores de Mailchimp, el proveedor de email marketing a través del cual recibirás los boletines informativos, novedades, regalos y sorpresas que se envíen; y cuya empresa (Rocket Science Group LLC) está ubicada en EEUU. Mailchimp está acogido al acuerdo EU-US Privacy Shield, aprobado por el Comité Europeo de Protección de Datos. Puedes ver la política de privacidad de Mailchimp aquí. Si no introduces los datos que aparecen en el formulario es posible que no pueda atender tu solicitud de suscripción a esta lista. En cualquier momento podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y supresión de tus datos en rcrespoautora@gmail.com, así como el de presentar una reclamación ante una autoridad de control. Puedes consultar la información detallada en la política de privacidad del blog.