
¡Hola, queridos románticos!
Bienvenidos a la primera Hora Feliz del blog (para quien no sepa de qué va, puede visitar esta entrada) que durará solo parte del mes de diciembre. Mi primera sorpresa es este relato que he preparado exclusivamente para vosotros y, por supuesto, espero que os guste. No os olvidéis de estar al pendiente durante esta hora del resto de sorpresas. No os las querréis perder ¿verdad?
Hacía
poco que había empezado a conocer a uno de sus compañeros de la
universidad. Desde el principio del curso habían compartido algunas
palabras, pero por cuestiones del destino, no habían vuelto a verse
hasta esa semana. Habían reído bastante, tanto, que Marta pensó
que la profesora se quedaría con su cara, y posteriormente con su
nombre, para suspenderla en los exámenes finales.
—¡Para!
—le susurró a Gabriel mientras la profesora seguía con la
explicación.
Pero
él no se detuvo. Siguió molestando a Samuel solo para divertir a la
chica, que no podía dejar de reír por lo bajo.
Durante
el resto de la clase, intercambiaron miradas cómplices que
provocaron unas chispas invisibles que ni siquiera ellos fueron
capaces de observar. Estaban demasiado inmersos en aquella productiva
clase llena de risas y diversión, pero también de números que
apenas se entendían y fórmulas que acabarían aprendiéndose de
memoria para el examen.
—Vas
a tener que ayudarme con esta asignatura —sugirió él en voz baja,
provocando una sonrisa en Marta y un movimiento de cabeza con el que
demostró estar de acuerdo.
—Cuando
quieras.
Ambos
permanecieron unos segundos, que se hicieron eternos, mirándose con
una sonrisa dibujada en sus labios. Las gafas de pasta de él no le
impidieron poder observar los ojos verdes que tanto le gustaban a
Marta. El tiempo parecía haberse detenido para ambos, aunque las
manecillas del reloj seguían su curso normal.
La
música que anunciaba el fin de la clase sonó y ambos despertaron de
su ensoñación perfectamente creada para dos. Con una sonrisa, ella
se despidió de su compañero de mesa y se marchó en dirección al
cuarto de baño. Para Marta ya era una rutina acudir siempre antes de
irse, sobre todo para arreglarse el pelo y ver cómo tenía la cara.
Tras unos minutos, salió y se dirigió hacia el ascensor. Llegó
pronto y entró, pulsando el botón de la planta baja. Pero justo
antes de que las puertas cerraran, alguien hizo acto de presencia en
el pequeño cubículo.
—No
imaginé que fueras tú —dijo Gabriel para romper el hielo.
—Antes
de bajar fui al servicio.
Tras
la explicación pertinente, ambos volvieron a mirarse con un fuego
inusual en sus ojos. Marta tuvo que alzar la vista, mientras que
Gabriel la observaba desde su altura con una sonrisa inmensa. Pero la
seriedad apareció en su rostro sin que su atractivo saliera
perjudicado. Avanzó hacia su compañera y su brazo rozó el de ella
cuando fue a pulsar el botón de parada.
—¿Qué
haces? —preguntó ella, sorprendida por la iniciativa de Gabriel.
—Algo
que tengo muchas ganas de hacer desde que te volví a ver.
Acarició
con suavidad su mejilla de porcelana y sin dejar de mirarla a los
ojos aproximó su rostro al de Marta con tanta lentitud que empezó a
ponerse nerviosa. Un cosquilleo demasiado agradable inundó todo su
cuerpo de un valor inimaginable para ella en esa situación. Acercó
su rostro al del chico ejecutando la misma acción que él. Sus
alientos chocaron con tanta intensidad que no pudieron evitar
sonreír. Ella abrió los labios, deseando recibir los de él para
probarlos, pero la distancia entre los dos aún no desapareció.
Hasta
que Gabriel agarró de la cintura a Marta y dejó que un simple
empujón hacia él terminara de unirlos de una vez.
Primero
los labios se rozaron, reconociendo el terreno y degustando la
suavidad que ambos compartían. Las manos de Marta subieron por el
torso de su amante,
aferrándose al cuello de su camisa para que no hubiera tanta
separación entre sus cuerpos. La calidez que desprendían provocó
un escalofrío en la espina dorsal de la chica, acercándose más a
él. Quería sentir el fuego abrasador en su cuerpo, entregarse a ese
beso tan espontáneo e inesperado.
Apoyó
su espalda sobre la pared. Gabriel enredó sus dedos entre algunos
mechones de la chica, mientras con la otra se apoyaba en la misma
superficie donde reposaba Marta. Ambos intensificaron el beso,
jugando con sus lenguas y pegando sus cuerpos aún más el uno al
otro. Deseosos por continuar con la exploración, él acarició los
brazos de ella con fervor, con lentitud, intentando disfrutar del
momento. No importaba si estaban en el ascensor de la facultad o en
otro lugar. Lo necesitaban.
O
al menos esa fue la sensación que producían hasta que Marta empujó
al chico sin ejercer demasiada presión sobre su pecho. La
respiración de la pareja estaba acelerada debido a la pasión que
habían puesto en aquel beso.
—No
creo... que sea el mejor lugar... ¿no?
Marta sonrió, provocando que él respondiera de la misma forma.
Marta sonrió, provocando que él respondiera de la misma forma.
¿Qué os parece? ¿Os gustaría saber más sobre Marta y Gabriel?
Expresad vuestra opinión en los comentarios.
Y recordad: este mes, cualquier cosa puede suceder...
Soy malvada por dejaros así, lo sé jojo.