31 de octubre de 2016

Un ritual en la taberna | Capítulo 3


¡Feliz Halloween, romántica/o! Como ya sabes, o deberías saber, hoy es se cumple un año desde que este blog fue abierto y, como parte de la celebración, te traigo el tercer capítulo de Un ritual en la taberna. ¡La cosa se pone interesante! Espero que te siga gustando y... disculpa la tardanza, pero desde el viernes que hice el examen apenas he tenido un poco de tiempo para escribir.


EXTRACTO DE LA LIBRETA: Romanticismo.

No recordar a nadie con quien haya tenido una relación estrecha es algo que, pienso, enlaza con la primeriza sensación de haber dejado atrás que en ocasiones nos acompaña en nuestros primeros compases de vida.



Al menos en el aspecto más romántico del concepto.



No me resulta extraña la tesitura de verme, ya no fantaseando acerca de las infinitas vidas alternativas que uno puede albergar en el variable tejido espacio temporal que nos contiene, sino disfrutando y sufriendo simultáneamente el gozo y el vacío que reporta la sensación de que quizá, en algún punto de nuestra existencia, hemos dibujado una sonrisa en nuestro corazón al dar con la energía adecuada.


No me refiero a persona, alma o ser puesto que en dicho tejido son tantos los misterios que resultaría pretencioso extrapolar la identidad tal cual la concebimos en nuestra vida mortal a un ámbito tan colosal y, al mismo tiempo, precioso en el concepto de su sencillez.



La energía que desprendemos puede encontrar en otra fuente el recipiente recíproco en el que danzar durante una maravillosa porción del tiempo pasajero con el que se pueda contar.



Las probabilidades de que esas dos fuentes de vida se encuentren en la inmensidad resulta tan nimia que la esperanza de una lotería resultaría excelsa en comparación.

No obstante ahí radica lo bonito.

Ahí brilla lo especial.

Tengo la sensación permanente de que me he desprendido de algo que me es de gran valor, ahí donde el valor realmente importa.

Ignoro si ha quedado atrás antes incluso de que llegase a este mundo, o si mi reciente pérdida de memoria hace que se haya quedado a la vuelta de la esquina en mi pasado reciente.

El caso es que ese hecho me hace reflexionar acerca de la naturaleza de mi Amor. Así, escrito con mayúscula, pues en la amalgama de identidades que parece conquistar esta libreta ese personaje no puede faltar.

Amor, una bella hermafrodita tatuada de aura tan torturada como soñadora.

Me dice que nunca hay que perder la esperanza.

Que aunque la oscuridad de la noche que representa el sueño en el que quizá vivimos, es el brillo de nuestros deseos más nobles lo que da mayor sentido al curso de la historia universal.

¿Dónde estás? 



Me pregunto una y otra vez.



Lo hago desde que he perdido la memoria, dejando este texto escrito con el corazón en un puño a modo de brújula en lo que sea que el extraño futuro me reserve.



Lo hice, de hecho, nada más llegar al mundo.

Esa energía que ha de encajar en el quebrantado puzle de mi mundo interior, regando con las gráciles aguas del manantial de su existencia el sediento pozo que supone mi ansia por amar plenamente.



Olivia se encontraba inmersa en la lectura de ese primer escrito de la libreta tras la reciente pérdida de memoria.

Joel pensó que mejor que lanzarse a una disertación referente al contenido de lo que venía a ser la forma física de su mundo interior, sería como matar varios pájaros de un tiro el dejarle leer algo que, por qué no, bien podía en una inmensa casualidad ir dirigido a ella.

Trataba de no obsesionarse con ello, pero quizá nervioso como estaba, el contemplar la reflexiva y relajada pose de Olivia, recostada en una de los cómodos asientos de la taberna, derivaba en que cada vez que ésta apartaba en un fino movimiento los cabellos que caían sobre su rostro sintiese un sorpresivo cosquilleo en la boca del estómago.

Estaba concentrada y Joel apenas lograba trascender interpretación alguna de qué le estaba haciendo pensar su texto. Qué le estaba haciendo sentir.

Si es que estaba provocando algún tipo de reacción.

La inseguridad causaba mella en su interior, arrojando una condición temerosa a la posibilidad de ser rechazado por esa chica que, paulatinamente, más y más guapa le parecía.

Por fuera y por dentro.

Mientras la mirada de Olivia se deslizaba por las palabras de la libreta de Joel, quizá por momentos asociándose a un ir y venir de fruncimiento y relajación del ceño, éste, sin saber por qué, de modo espontáneo, fue estirando su mano hasta acariciar el dorso de la que Olivia tenía libre apoyada sobre la mesa.

Me puse cómoda para leer aquel extracto de su libreta. Consiguió hacer que me relajara al saber que él atravesaba por una situación remotamente parecida a la mía, pero también que mi cuerpo se tensara al recordar por lo que casi acababa de pasar.

No era moco de pavo, la verdad.

De vez en cuando mis ojos iban del papel a sus ojos, que me miraban tan intensamente que algo en mi interior se removió. No sabía si por los recuerdos o porque me transmitía algo extraño. Leer algo tan personal de alguien a quien tenía delante no era algo que solía hacer a menudo. 

—Es precioso... Ojalá a mí, en algún momento, me hubieran escrito algo así —comenté cuando terminé de leerlo.

Porque aunque aquellas cartas eran preciosas, no expresaban lo que yo sabía que Víctor sentía por mí... 



¡Y vuelta la burra al trigo! 


Cerré la libreta con una mano y la posé sobre la mesa, acercándola después a Joel.

—Me siento muy halagada por haber tenido la oportunidad de leerlo, de verdad.

Entonces reparé en su mano sobre la mía y en aquella mirada que parecía atravesarme, pero en el buen sentido. ¿Debía sentirme bien? ¿Mal? ¿Avergonzada? No lo sabía y tampoco aparté mi mano para averiguar qué se movía dentro de mí. Quizá eran los recuerdos, que querían jugarme una mala pasada, y como estaba en aquel lugar mi mente pensaba que no sucedería nada porque me dejara llevar. ¡Seguro que se trataba de eso!

Finalmente retiré la mano despacio para que no pensara que me incomodaba aquel contacto. Todo lo contrario. Pero para mí era como tocar el fuego, sabía que podía quemarme si dejaba que mis emociones y mi razón se pusieran de acuerdo.

Entonces vi cómo la decepción asomaba a sus ojos.

—Lo siento, Joel... No estoy preparada aún para este tipo de cosas.

Aunque realmente no estaba segura de que eso fuera cierto. ¿Y si solo intentaba convencerme de ello? Podía ser una opción bastante válida. Sobre todo teniendo en cuenta que lo de Víctor estaba muy reciente.

—Supongo que la culpa es mía... —dijo él.

Su voz sonaba apagada en mis oídos. ¿Ya la había cagado? ¿Como siempre hacía? Fruncí el ceño, no por él, sino por lo que pasaba por mi cabeza. 

—No te preocupes, de verdad. —Extendí mi mano para tomar su mano y acariciar su dorso—. Es solo que no paso por un buen momento, tú no tienes la culpa de nada.

Sonreí sincera. El error había sido solo mío. 

Me levanté de la silla y la arrastré para situarme al lado de Joel. De esa forma esperaba que se relajara un poco y dejara de pensar en lo que fuera que su mente le mostraba. La peor arma contra nosotros mismos que podíamos tener.

Ya me había acomodado cuando algo nos sorprendió. La taberna quedó en silencio y completamente a oscuras.

Y a pesar de eso, nuestras miradas seguían puestas el uno sobre el otro.


Recuerda que también puedes pasarte por la entrada de mi compañero para comentarle qué te ha parecido su parte: Un universo en palabras.
Espero que te haya gustado y, por supuesto, no olvides dejar tu comentario.

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8 comentarios:

  1. Con. Ganas. Del. Siguiente. *-*
    Nada más que añadir, me temo.
    ¡Un besazo!

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    Respuestas
    1. ¡Qué bueno! Es una fantástica señal de que te hemos dejado con las ganas de querer saber más. ¡Muchas gracias por seguir atenta a los comentarios! Esperamos poder traer pronto el siguiente ;)

      Saludos <3

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  2. Mari Mar Jurado2.11.16

    Me ha gustado mucho,nos dejáis con la miel en los labios.
    Olivia no pasa su mejor momento,y quizá Joel al contrario,vea en ella lo que necesita.
    Deseando leer el próximo y que nos saqueis de dudas
    Besos

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te esté gustando, ya lo sabes ;)

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  3. Cuando alguien aparta la mano ya sea rápido o lento, no sé, yo veo que la persona se siente incómoda. ¡Sigo leyendo que acabo de ver que está el 4! :)

    Y feliz aniverblog! ^_^

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    1. ¡Sí! Era esa la sensación que quería causar jejeje.

      ¡Muchas gracias, guapa! :D

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  4. En un primer momento no había pensado en incomodidad, pero luego, en esta segunda lectura estoy de acuerdo con Mia... Se ha notado mucho más. Me encanta poder releer y ver cositas que antes no había visto o había interpretado mal. ¡Vamos que esto está que tira fuego!, quiero leer más, más y más :D

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    1. Cada quien interpreta las cosas como le llegue al instante. Realmente podría interpretarse como tal debido a lo que ha pasado Olivia... ;D

      ¡Me alegra saberlo!

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