10 de junio de 2016

Femme fatale


Espero que tengáis una buena tarde. El relato que leeréis a continuación debería haber sido publicado en enero, pero por una serie de motivos que no vienen mucho al caso no pude dedicarle todo el tiempo que quise y, por eso, hasta ahora no he podido traerlo. ¡Espero que me perdonéis! Antes de leerlo, me gustaría comentaros un poco de qué va el reto en el que participa.

Plot a twist! es un reto ideado por el blog Eleazar writes, que consiste en escribir cada mes un texto (sea microrrelato, relato largo, novela corta o lo que seáis capaces de escribir en un mes) con un elemento perteneciente al bloque de inspiración que nos proporcionará cada mes. El reto durará seis meses, por lo que al final del reto tendremos escritos seis textos. No es obligatorio publicarlo en ninguna parte, pero como bien dice en su entrada, es más divertido si se hace así para poder disfrutar todos de  los relatos. No hay fecha límite para apuntarse, por lo que si no llegáis a apuntaros este mes, podréis hacerlo cuando podáis.

No me enrollo más. A continuación, os presento mi relato. En mi caso elegí el vídeo porque lo demás no me inspiraba.



El siguiente relato contiene escenas de erotismo.

En el mundo oculto de Floresty, las mujeres eran entrenadas para matar. Pero no eran unas asesinas comunes, no. Estaban educadas de tal forma, que con un simple acto eran capaces de dejar sin vida a cualquier hombre con el que estuvieran. También habían sido concienciadas para tomar medidas preventivas: el embarazo no estaba contemplado para ellas, ni siquiera el amor existente entre un hombre y una mujer. No sabían que ese sentimiento existía ni el increíble poder que podría llegar a tener.

Coral no conoció a su familia biológica, pues sus padres la vendieron al nacer por falta de dinero y comida con la que alimentar al resto de sus hermanos. Fue una niña no deseada entre los suyos y, por eso, pasó a formar parte de la Hermandad. Al menos sus hermanas sí que sentían aprecio por ella. No tenían una idea clara sobre las emociones, pero las sacerdotisas habían mantenido la premisa de que debían respetarse entre ellas y no traicionarse jamás.

La traición era lo menos tolerable por las sacerdotisas y, en consecuencia, para las hermanas.

Sin embargo, Coral era una hermana rebelde, o quizá fuera la edad, que le inducía a serlo. No acataba las órdenes ni se dejaba doblegar cuando la castigaban sin comida durante días. Hacía muchos años ya que no aplicaban la tortura física como castigo, pues necesitaban la belleza para poder cautivar a sus víctimas, por ese motivo la joven Coral no era castigada con la peor de las torturas habidas y por haber.

Sin embargo, la peor de ellas –sin considerarse como tal–, era el momento en el que todas las muchachas, al cumplir los dieciséis años, eran entregadas a desconocidos exclusivos que se encargaban de quitarles lo más preciado: su inocencia. El momento en el que a Coral se la despojaron, fue bastante doloroso y destructivo para ella. Después de que aquel hombre la manoseara y la besuqueara por todas partes, lo que menos deseaba era rebelarse contra nadie. Su espíritu libre, de repente, se vio enjaulado de la peor de las maneras y no hubo forma de recuperar a la dulce y rebelde Coral. Se convirtió en una mujer sin escrúpulos, en una femme fatale de los pies a la cabeza.

El orgullo de la hermandad.

Sin embargo, todas las noches, en la soledad de su habitación, lloraba como nunca antes lo había hecho. Porque en ningún instante de su vida había encontrado un motivo por el que hacerlo. Y hasta los veintiún años permaneció llorando todas las noches en la oscuridad, hasta el mismo momento en que se dio cuenta de que ya no albergaba más lágrimas que derramar.


***


—Esta es tu noche, Coral. La noche del estreno más esperado de todos los tiempos. Vas a poder convertirte en toda una femme fatale, querida nuestra —dijo una de las sacerdotisas, la más humana de todas, que se encontraba frente a ella con la cara oculta bajo la tela de su túnica—. Y si todo sale bien, pronto podrás optar a formar parte del Círculo de las Sacerdotisas.

Coral tenía la mirada puesta en un punto fijo de su habitación. No sintió nada con aquella nueva oportunidad que se le presentaba. Ni emoción, ni alegría ni miedo por lo que pudiera suceder en su futuro. Solo tenía una cosa en la cabeza: acabar con su víctima tal y como se esperaba de ella. Apretó los puños como única respuesta a toda la verborrea de la sacerdotisa. La anciana, pero rejuvenecida mujer, se marchó del lugar tras ver ese gesto en Coral.

No le hacía falta escucharla para saber que se enfrentaría a su destino.

Cuando la puerta se cerró, Coral permaneció durante unos segundos en la misma posición. Sus pensamientos empezaron a perderse muy lejos del lugar donde se encontraba, incluso más allá del pueblo donde se establecía la Hermandad. La libertad parecía tan lejana para ella...

Caminó hasta el armario de su habitación y miró con atención la ropa que había guardada. Los restos de su niñez y de la inocencia perdida aún continuaban allí, como si con eso bastara para recuperar la ilusión y la libertad que había albergado en su alma. Tomó con delicadeza el vestido que las sacerdotisas habían dispuesto para su estreno como mujer fatal y lo colocó sobre la cama. Acarició la tela sin prisas, disfrutando del tacto que la seda le proporcionaba, mientras pensaba cómo llevar a cabo su tarea de la mejor forma posible.

La única vez que estuvo con un hombre ayudó a la tarea de odiarlos y de querer venganza.

Tras arreglarse se miró en el espejo de cuerpo entero, quedando maravillada con su propio reflejo. Con aquel vestido, peinada y bien maquillada, veía todo desde una perspectiva diferente. Creía ser capaz de llevar a cabo su cometido sin que las dudas la asaltaran en mitad del proceso.

Creía estar preparada para lo que iba a suceder.


***


El lugar de encuentro sería la única taberna que había en el pueblo. Un lugar lúgubre y lleno de borrachos que se peleaban siempre que tenían oportunidad. Coral no tenía miedo de lo que pudiera ocurrir en un lugar como aquel, pues estaba dispuesta a llevar a cabo su cometido sin importar a quien se llevara por delante. Incluso si tenía que acabar con todos los hombres que se atrevieran a mirarla de manera lasciva.

El nombre del desafortunado era Tom. Lo reconoció en cuanto entró en el local. Todo su cuerpo la buscaba, temblando y mirando hacia todas partes. No era difícil hallarla, pues Coral era la única mujer que se había atrevido a entrar allí. Sus miradas chocaron y el ambiente pareció ralentizarse para dejar paso a las acciones de ambos. Tom retiró su mirada cristalina de aquellos zafiros verdes que le observaban y decidió avanzar para sentarse en uno de los taburetes de la barra. El tabernero le miró sin sonreír mientras limpiaba uno de los vasos, esperando a que indicara lo que iba a tomar.

Pero ella se adelantó.

—Un whisky del mejor que tengas. Lo mismo para él.

Tom la miró sorprendido. Alzó una ceja sin decir nada y luego sus ojos volvieron a fijarse en el hombre que había tras la barra. Asintió y fue entonces cuando empezó a servir los tragos. No tardó mucho en colocar los dos vasos sobre la superficie. Coral tomó entre sus manos el que tenía ante ella observando todas sus imperfecciones, mientras que Tom se dedicó a beber el contenido de un trago.

Estaba preparada para llevar a cabo su tarea, pero no sabía cómo proceder. ¿Debía ser directa? ¡Había olvidado gran parte de sus lecciones! Sus dedos tamborilearon sobre la mesa y sus ojos miraron a todas partes, como si buscara respuesta a sus dudas en aquel lugar maloliente. Pero no estaba en ninguna de las cuatro paredes que los rodeaban, ni en el tabernero, ni siquiera en los borrachos que compartían anécdotas imposibles de creer.

—¿Qué hace una mujer tan hermosa como tú en un lugar como este?

Coral sonrió para sus adentros.

—Te estaba esperando —respondió tras girar la cabeza hacia él y sonreír.

—No te conozco de nada...

—No hace falta —se limitó a decir ella.

Sus miradas volvieron a encontrarse; saltaban chispas a su alrededor y el mundo parecía girar en torno a los dos. El momento perfecto para su mirada pícara y aquella proposición indecente que, sin pensar, salió de sus labios.

—Vamos a un lugar donde podamos estar solos —susurró.

Tom quiso replicar, pero ella no le dejó tomándole de la mano y, tras dejar la propina correspondiente a ambas bebidas, lo arrastró al exterior. Su mente trabajó rápido en busca de un buen lugar en el que poder realizar su trabajo.

—Vivo a dos calles de aquí, si quieres, allí estaríamos más cómodos —La sorprendió él con su propuesta.

Coral solo asintió, dedicándole una sonrisa, y dejó que la guiara hacia el lugar. No había nadie por las calles y la noche empezaba a ser testigo de la travesura que iban a realizar. Tom se detuvo ante una puerta y, con las manos temblorosas, buscó las llaves. Coral aprovechó para pensar bien en lo que iba a hacer, pues sabía que no sería fácil. Era la primera vez que se enfrentaría a sus miedos, a sus debilidades y, también, a su gran fortaleza. Se había preparado durante tanto tiempo para la venganza que la lección estaba ya más que aprendida. Sin embargo, tenía dudas. Muchas. ¿Y si no actuaba como debía? ¿Y si se dejaba llevar demasiado y las cosas salían mal para ella?

—Acabo de darme cuenta de que ni siquiera sé tu nombre.

Ella despertó del pequeño trance en el que sus propios pensamientos la habían introducido y le miró.

—Mi nombre no importa y, en caso de que al final de la noche sintieras de nuevo curiosidad por conocerlo, yo misma te lo diré. Solo en el caso de que disfrutes de esta noche como nunca.

Tom sonrió y la invitó a pasar cortésmente. Una vez estuvo ella dentro, él hizo lo mismo y cerró la puerta. Coral quedó embelesada ante la sencillez de su hogar. Comparado con la majestuosidad del lugar donde vivía, aquello parecía incluso acogedor. Una sensación extraña, que nunca había experimentado, la embargó por completo. Estremeció cada parte de su cuerpo y a partir de ahí no supo cómo continuar.

Al menos hasta que él se lanzó hacia sus labios sin previo aviso, sin que ella pudiera tomar conciencia de que tenía que pasar algo que ella misma no quería que pasara. No después de comprobar las circunstancias que rodeaban al hombre con el que estaba. ¿Qué pasaría si se dejara llevar? ¿Si decidiera no cobrar su venganza con él? Hasta el momento su actitud distaba mucho de la del hombre que arrebató su inocencia. ¿Estaría bien darle una oportunidad? ¿Qué le diría a las sacerdotisas si decidía dejarle con vida? El muchacho notó que algo no iba bien cuando advirtió bajo sus dedos el cuerpo rígido de Coral.

—¿Ocurre algo? —preguntó, entre desconcertado y preocupado.

Ella le miró con intensidad y, obviando su interrogante, volvió a acercarlo para besar esos labios que la volvían loca. Entonces Tom comprendió que esas preguntas estaban fuera de lugar y que lo importante era consumar lo que tanto deseaban. Aunque ninguno de los dos supiera gran cosa sobre el otro.

Pero él la conocía más de lo que creía.

La condujo hacia la cama y con sumo cuidado la depositó sobre la tosca tela con la que él solía cubrirse durante el invierno. No podía decirse que fuera pobre, pero el poco dinero que ganaba en la fábrica no le permitía comprar demasiados artículos de calidad. Por eso, lo que tuviera que ver con la cama no lo consideraba prioritario. ¡Tampoco había pensado que una mujer que no fuera su hermana entraría en su hogar!

Sus ojos recorrieron el rostro de la joven con curiosidad y un poco de inocencia.

—Hazme tuya. Sin miedos ni inseguridades —dijo ella con un hilo de voz.

Estaba más nerviosa de lo que quería reconocer. Al igual que él, pues ambos se enfrentaban a una primera vez que prometía ser digna. Porque en el caso de Coral, lo sucedido años atrás no podía ser considerado como una iniciación correcta.

Volvieron a besarse apasionada y desesperadamente, como si nunca antes lo hubieran hecho. Tom empezó a acariciar torpemente el delicado cuerpo de Coral, que entre suspiros seguía pensando qué hacer con su misión. Si volvía, mentía y la descubrían, podría ser vetada de por vida, repudiada y quién sabe qué más. En cambio, si continuaba adelante podría ascender a los altos mandos de la Hermandad, asegurando así su futuro.

¿Quería formar parte de una organización que trataba así a sus subordinadas?

Trató de contener la rabia que sentía, pero fue inútil. Sus caricias se tornaron más salvajes y sus besos más fogosos. Atrapó entre sus brazos al hombre y lo dejó bajo su cuerpo. Le quitó la ropa con las manos temblando y el cerebro atorado con demasiada información para procesar. Y precisamente no era un buen momento para hacerlo. Después no dejó que él se esforzara en quitarle la ropa, pues ella lo hizo con rapidez. Tom quedó maravillado con la visión de su torso desnudo y, sin que ella pudiera verlo venir, elevó la parte superior de su cuerpo para dedicarle su atención a los pechos de la joven. Succionó y lamió, deleitándose con los gemidos que despertaba en ella. Acarició su espalda de forma delicada, mientras ella se aferraba con fuerza a los mechones castaños de su amante.

Estaba delirando de placer, algo que ni en sus mejores sueños habría esperado experimentar.

Él apartó su mirada de la piel de Coral para centrarla en el bello rostro de quien le acompañaba. Ella entonces aprovechó para tumbarlo de nuevo sobre la cama, quería proporcionarle el placer que él le había dado con su lengua. Tomó el miembro viril con sus dos manos, no sin antes sorprenderse por tal descubrimiento. Era la primera vez que veía uno por propia voluntad y no le desagradó tanto como imaginó. Acarició de arriba a abajo sin dejar de mirar los ojos claros de Tom. Poco a poco fue aumentando la intensidad e intuyó que eso le gustaba, pues sus gemidos se volvieron más constantes. Sin embargo, no fue hasta que sus labios tocaron esa piel que él gruñó por el placer que le causaba.

—Detente, por favor —suplicó.

Si no lo hacía, eyacularía en su boca, y no era algo que deseara en ese momento. Quería disfrutar de ella, de su cuerpo y de todo lo que conllevaba aquel encuentro. Coral detuvo sus movimientos y antes de que pudiera pensar en el siguiente movimiento, él volvió a colocarla bajo su cuerpo. Admiraba aquella belleza casi divina y por un momento pensó que estaba profanando el hermoso cuerpo de una joven que quizá no lo mereciera.

Pero había sido ella quien se había insinuado.

¿Por qué pensaba tanto en ella y en su bienestar si apenas creía conocerla?

Llenó de besos su piel en un intento por olvidar esos pensamientos que empezaban a atormentarle. Y prefirió hacerlo porque la chica de ojos verdes le tenía cautivado por completo.

—Hazlo ya.

Su petición pilló desprevenido al joven, que sin dudarlo se posicionó entre sus piernas y se adentró poco a poco en su interior. Lo sintió cálido y húmedo, todo un sueño para él. Bajó el rostro para besarla y advirtió que su actitud con él había cambiado. Se mostraba más dulce, más cariñosa y entonces un recuerdo fugaz atravesó su mente. No fue capaz de retenerlo durante más de un segundo, pues la voz de Coral volvió a hipnotizarlo.

—Más rápido, por favor.

Sus manos descansaban sobre su nuca, invitándole de vez en cuando a explorar su piel con cada uno de los sentidos. Por su parte, él sintió que se perdía con las palabras de la muchacha. Incrementó el ritmo de sus embestidas, manteniendo su docilidad a la hora de acariciar su figura. Coral se aferró a los hombros de Tom con fuerza, mientras que sus piernas rodearon su cintura para sentirlo aún más unido a ella. Era una delicia que quería seguir disfrutando aunque todo estuviera en contra.

Le pareció ver cómo una de las sacerdotisas se adentraba en la casa e invadía la privacidad de ambos. Aquella alucinación le produjo malestar, pero no por ello dejó de disfrutar de aquellas caricias que la llevaban a la locura.

Con un movimiento rápido volvió a situarse sobre él, moviendo las caderas en busca de un placer aún mayor. Revolvió su cabello con las manos, viendo cómo Tom pasaba la lengua por sus labios en un gesto que la extasió.

Y aunque hubiera querido evitarlo, su destino estaba escrito.

Se inclinó para besarle con pasión mientras, con una mano, buscaba entre la ropa que había quedado sobre la cama el puñal que había traído consigo. Al alcanzarlo abrió los ojos y, tras susurrar que le perdonara, con un movimiento certero se lo clavó en el pecho.

Tom vio la vida pasar ante sus ojos y se dio cuenta del gran error que había cometido.

—Lo siento, her-hermana...

Sus ojos suplicaban clemencia antes de expirar.


¿Qué he hecho?

Sé que quedaron muchas incógnitas sin responder, pero esto no es más que un aperitivo del mundo que pienso crear... 
Espero que os haya gustado (también siento haberos dejado así, pero ya sabéis cómo soy jajaja).

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6 comentarios:

  1. por las chanclas de mi abuela! en serio lo dejaste en la mejor parteeeeee o.o me muero!!!!

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    1. Jajajaja ¡sorry! Suelo ser así de mala, pero eso solo sucede cuando tengo pensado, de alguna forma, continuar con la trama. ¡Gracias por pasarte! Espero que te haya gustado ^^

      Saludos <3

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  2. ¡Oh my godneess! No sé que pensar... me has dejado con ganas de más. Me ha gustado mucho, mucho, mucho... ¡estoy ansiosa! Que bueno <3
    Nos seguimos leyendo
    :D

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    1. ¡Guau! Me alegra que te haya gustado ¡gracias! *-*
      Seguramente tendrá "continuación" así que no te preocupes porque lo anunciaré por aquí cuando esté lista ;)

      Saludos.

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  3. ¿Hermana? ¿Era su hermana, la habían dado en adopción de esa familia o algo así? OMG, qué mala suerte.
    Muy bueno, se ve más que interesante. Los valores de un mercenario entrenado pueden ser distintos, y si la organización toma a sus subordinados desde pequeños aún más. Muy bien pensado ese detalle. Me encantó, espero ver más de esta historia.
    ¡Saludos!

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    1. A Coral la vendieron cuando era pequeña, por lo que durante los años que pasó dentro de la Hermandad, esos recuerdos fueron quedando en el olvido o en algún lugar recóndito de su memoria. La entrenaron para matar a sus objetivos y, aunque pareciera que iba a cambiar de opinión, su destino estaba escrito mucho antes de conocer a Tom. Y él... bueno, hubo algo en ella que asaltó su mente en varias ocasiones, pero no fue sino hasta que estuvo a punto de morir que se dio cuenta de todo.

      Seguramente después de mis vacaciones traiga algo más, es un tema que da para mucho y ya tengo la idea bien pensada (solo me queda desarrollarla más jeje).

      Saludos <3

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