
¡Muy buenas, mis románticos! Es la primera vez que participo en un reto de Reivindicando Blogger y la verdad es que me ha gustado mucho la experiencia. NaviBlogger consiste en escribir un relato ambientado en estas fechas tan especiales con un elemento común entre todos nosotros: el regalo perfecto. Este puede ser material, comprado, algo que hayamos hecho nosotros, etc. Me gustó mucho este reto y, por eso, no lo dudé a la hora de apuntarme. Lo bueno es que tuve tiempo para pensar bien en la historia y escribirla. Y como ya quedan pocos días, me adelanto a los acontecimientos deseándoos: ¡Feliz Navidad!
Lista de participantes. ¡Pasaos a leerlos!
Ángel
siempre pensó que su regalo perfecto de Navidad sería poder pasarla
con su familia. Y, aunque en parte era uno de sus mayores deseos
desde que comenzó a trabajar, no lo consideraba realmente urgente.
Durante toda su vida había pasado las fiestas con ellos, por algunos
años que no fuera así tampoco pasaba nada.
Echaba
de menos algo más en su vida. Una felicidad que había asumido que
ya había perdido sin haber luchado lo suficiente por ella.
El
día de Nochebuena iba de camino al trabajo pensando en los
pendientes que tenía que realizar. Mucho papeleo que organizar y una
larga lista de llamadas por hacer.
Pensaba
que ninguna de ellas sería respondida.
Y
no era cuestión de pesimismo, sino que ese día la mayoría de las
empresas afiliadas a la suya estaban de vacaciones. Sin embargo,
intentó ponerse en contacto con algunas para probar suertes. Las
cinco primeras fueron un fracaso total: o no recibía respuesta; o le
daban largas.
Al
menos hasta que a la sexta, una voz dulce respondió:
—¿Quién
es?
—Soy
Ángel Villanueva, de Náveda S.L.
—¿No
me digas que tú también trabajas en Nochebuena? —Ángel oyó una
risa a través del auricular y empezó a imaginar cómo se sería su
rostro, sus ojos, su sonrisa.
Sacudió
la cabeza al recordar que estaban con un asunto de trabajo.
—Sí,
soy el único tonto que trabaja de la empresa, ni siquiera hay un
jefe que controle que todo esté en orden. No saben nada ¿eh?
—Estamos
igual entonces —respondió ella. Y aunque no la veía, esbozó una
sonrisa.
A
Ángel se le ocurrió una idea que podía parecer una locura, pero no
perdía nada.
—¿Tienes
planes para después del trabajo? —Habló tan rápido que ni él
pudo entender lo dicho.
—¿Tiene
que ver con la propuesta de tu empresa?
—Por
supuesto que no, pero me apetece verte si no tienes ningún
inconveniente.
—Está
bien, yo tengo que terminar algunos pendientes, pero a las seis
estaré lista. ¿Nos vemos en la Puerta del Sol, delante del
edificio del reloj? Llevaré una bufanda roja, o eso espero... Y tú
si tienes una igual, podrías hacer lo mismo.
—Me
parece perfecto —respondió él con una amplia sonrisa, dejando de
lado el comentario sobre su complemento.
Antes
de colgar, Ángel comentó a Nina la propuesta de su empresa. Le
ofreció todos los detalles disponibles para no despedirse de ella,
pero al recordar que la vería en pocas horas su resistencia fue
vencida por las circunstancias.
Tras
colgar, terminó todos los pendientes que tenía y dejó las llamadas
para otro día. Estaba convencido de que no serviría de nada perder
tiempo intentando contactar con empresas en las que no había
personal al pendiente de los teléfonos.
···
A
las seis en punto, él ya estaba en el lugar acordado. Llevaba su
bufanda roja favorita, pero no vio a su alrededor a la chica a la que
esperaba. Empezó a pensar en si todo había sido una broma, una
burla cruel del destino y de la Navidad; y triste, empezó a pensar
en volver por donde había venido. Hasta que oyó esa misma voz dulce
a su lado y se giró con lentitud para observar a la persona que le
decía:
—Disculpe
¿podría decirme si ve a un chico con una bufanda roja?
Los
ojos verdes de la chica miraban con ilusión a todas partes y a
ninguna. Ángel la tomó por los hombros, notando que se tensaba su
cuerpo ante el contacto de sus manos.
—Yo
llevo una bufanda roja, pero no sé si sea el chico que buscas
—Esbozó una sonrisa.
—¿Ángel?
—preguntó la chica con una sonrisa— ¿Eres tú?
—¿Nina?
La
chica asintió, manteniendo su amplia sonrisa. Ángel la atrajo hacia
él y la abrazó sin medir las consecuencias, sin saber si ella
realmente quería.
—Lo
siento... —se disculpó Ángel al percatarse de que había actuado
bajo un impulso.
—No
te preocupes, yo también tenía ganas, pero... —Bajó la mirada.
—¿Qué
pasa? —preguntó preocupado.
—¿No
es obvio...?
Ángel
posó sus dedos sobre la barbilla de Nina y alzó su rostro para
poder mirarla a los ojos. Estos le buscaban por todas partes, pero
solo cuando él hablaba, lograban enfocarse en un punto fijo situado
en su entorno.
—Tienes
unos ojos preciosos, Nina.
La
chica volvió a sonreír y, tanteando con sus manos por el pecho del
chico, se acercó para posar su cabeza sobre él. Ángel sonrió
también, abrazando a Nina como si lo llevara necesitando durante
mucho tiempo.
Pero
apenas se conocían.
—¿Vamos
a tomar algo?
Fue
en el momento en el que la separó de su cuerpo, y se fijó más,
cuando vio el bastón blanco en su mano derecha. Como todo un
caballero, rodeó su brazo con el de la chica y caminaron sin un
rumbo fijo. Ángel buscaba un lugar tranquilo en el que poder
conversar, mientras que Nina miraba hacia delante sin ver nada en
realidad. Concentrada en los sonidos de su alrededor y en ubicar a
Ángel con los sentidos del tacto y el oído.
Desde
el primer momento le encantó el sonido de su respiración agitada,
Su
voz.
Su
simpatía a través del teléfono.
Se
aferró al brazo de Ángel acercando su cuerpo un poco más al del
chico.
—Imagino
que tendrás prisa por regresar ¿no?
Nina
levantó la cabeza.
—La
verdad es que no... Soy huérfana y ciega desde que tengo uso de
razón, por lo que desde que cumplí la mayoría de edad no celebro
la Navidad con nadie. No tengo con quien, aunque tampoco me importa.
Sola siempre he estado bien.
Ángel
se detuvo en mitad de la calle, provocando algunos insultos de la
gente que iba tras ellos con prisas.
—¿Te
apetecería pasar la Nochebuena conmigo? —Tal como vino la idea, la
lanzó al aire a la espera de una respuesta afirmativa.
—¿Lo
dices en serio? ¿No es por...?
—¿Por
lástima? Por supuesto que no. Eres lo mejor que podía pasarme hoy y
quisiera compensarte por haberme alegrado el día. Quisiera alegrar
el tuyo también, darte un motivo para que no vuelvas a ver en negro.
Aunque no nos conozcamos o no volvamos a estar cerca el uno del otro.
¿Aceptas?
Nina
se mordió el labio inferior mientras por su mente paseaban todas las
posibilidades que Ángel le ofrecía. Quizá arriesgara muchísimo al
aceptar, pero ¿no consistía en eso la vida? Arriesgar para poder
conseguir lo que más queremos. Para poder seguir hacia delante.
Apostar por alguno de los caballos pues, gane o pierda, la felicidad
llegará en algún momento.
No
iba a desaprovechar la oportunidad de aceptar lo que, para ella, era
el mejor regalo de toda su vida.
—Acepto.
¿Sorprendidos? Seguro que no os esperabais que usara
a uno de los compañeros fantasmas de Delia para este relato.
¡Espero que os guste este relato!
Cualquier cosa que queráis comentar, hacedlo sin miedo.
Soy una amante de los finales abiertos ¿se nota?